«La siesta de Epicuro», de Aurora Luque; «A la muerte le importa la gramática»

Algo así como «no, no, estas cerradas mejillas y mi cuerpo de placer aturdido sucumben a la antigua siesta del mediodía» escribió Mallarmé, si se me perdona la traducción, en su L’Après-Midi d’un Faune, obra que entra en conjunción con las ideas hedonistas dando a luz a La siesta de Epicuro, poemario de Aurora Luque, ganador de X Premio Internacional de Poesía Generación del 27 en 2008.

Hablo, tal vez tarde, de este libro, reciente descubrimiento por mi parte de esta autora, de la cual únicamente había leído unos poemas de su Carpe noctem. Este poemario me ha sorprendido gratamente, pocos son los libros que han llevado el mundo grecolatino a la posmodernidad y me han gustado. Son, sobre todo, las actualizaciones que hace A. Luque de los poemas de Catulo, inspirados en la lectura del Catulo, de J. A. González Iglesias (poeta cuyo título postrero comenté recientemente), los que más han llamado mi atención. Alejada de la traducción, la autora opta la reconstrucción de los poemas de Catulo en un ahora, como claramente muestra el «Lesbia hoy» del famoso «Vivamus mea Lesbia», aludiendo al motivo de la luz que se apaga.

Sin embargo, empezando por el principio, es una cita de Michel Onfray en Les Sagesses antiques la que nos abre el libro con un aura de hedonismo, distanciándose de los idealismos. Desde el primer poema «Fruta del día» nos encontramos el placer en un carpe diem similar al del poema «Collige virgo rosas» de L. A. de Cuenca, donde la exageración y el abuso se superponen a la elegancia del tópico. El «córtalas a destajo, desaforadamente, / sin pararte a pensar si son malas o buenas.  / Que no quede ni una», de Luis Alberto, se enfrenta al «tienes que vivir vidas. No la tuya, / no sólo la acordada, también las aledañas, las pospuestas, / las previas, las futuras. Las quiero todas ya», de Aurora Luque. Esta renovación del tópico sugiere la inmediatez, la posmodernidad impregnando una eterna filosofía hedonista, que bien se expresa en los siguientes versos. Este mismo carpe diem aparece en el ya mencionado «Lesbia hoy», en su primer verso «a vivir y a gozar, que son dos días / y uno sale nublado».

Otro interesante poema es el titulado «Generación Nocilla», que comienza remitiéndonos al «Retrato» de A. Machado con los versos «mi infancia son recuerdos / de un vaso de Nocilla», volviendo a la ya comentada posmodernidad de la que se impregna lo clásico. Aquí se nos recuerda en cierta manera el placer, centro de este hedonismo.

También son enormemente destacables los haikus del libro pertenecientes a la parte «El jardín de Filodemo», que empieza con una paratextualidad de Jorge Riechmann, citando al hedonismo ascético, concepto que desarrollan en la poesía A. Luque y otros autores contemporáneos, como el mencionado González Iglesias con su Jardín Gulbenkian. Estos haikus hacen un repaso por las estaciones del año, remarcando una naturaleza que tal vez guarda ecos de Lucrecio en su De rerum natura.

Son la estética horaciana de la dilatación del presente, la posmodernidad en lo grecolatino, el hedonismo ascético compartido con sus contemporáneos y la muerte, siempre unida a la vida y acompañada de la palabra, los rasgos más destacados de esta genial obra de Aurora Luque, La siesta de Epicuro, libro cuya lectura es, por mi parte, muy recomendada.

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