Reseña de «Jardín Gulbenkian» de J. A. González Iglesias

Jardín Gulbenkian es el último poemario de Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964), que ha sido galardonado con el xxix Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma y que nos ofrece una línea lírica refinada en el acercamiento a lo ensayístico desde una visión caracterizada por la belleza y el mundo grecolatino.

El paratexto, de una carta del diplomático y poeta Saint-John Perse al empresario y filántropo Calouste Gulbenkian, en el 10 de mayo de 1951, es la obertura al prólogo y a los poemas, que se dejan guiar por dos palabras de este paratexto, «sensible» y «sueños».

Es, en cambio, en el prólogo donde vemos la génesis del libro, la preciosa correspondencia durante años de Saint-John Perse y Calouste Gulbenkian, así como el propio Jardín Gulbenkian de Lisboa que tiene como precedente el parque que hizo Calouste en Normandía. La amistad de Saint-John y Calouste se refleja en un símil del prólogo como la amistad de Horacio y Mecenas. Esta comparativa remitente al clasicismo prevé la fuerte influencia grecolatina de los poemas siguientes que González Iglesias, como doctor en Filología Clásica, es capaz de dominar a la perfección para dotar de una gran herencia poética a su obra.

El recorrido clásico y defensor de la naturaleza que ya vimos, por ejemplo, en «La minoría virgiliana», sigue aquí, con las fuertes y sutiles voces de Antonio Machado o Miguel de Unamuno, remitiendo a una ascética frailuisiana que bien recuerda a Machado en los versos de su poema «Por tierras de España»: «veréis llanuras bélicas y páramos de asceta / ¿no fue por estos campos el bíblico jardín?»

Por otro lado, en los poemas se produce un entrelazamiento entre el mundo griego y la Salamanca del poeta, pudiendo encontrar paisajes con los pinos Atenas o con el río Tormes, que es protagonista de muchos de sus versos como en «Arquero luminoso», poema que también remite a lo griego, induciendo con cierta frecuencia a un locus amoenus, como por ejemplo sucede en el poema «Recogimiento». Del mismo modo, el poeta nos evoca a un desasimiento como el ya dibujado por Santa Teresa, lo cual se refleja con total claridad en el poema «Tan sin ruido». Otro rasgo destacable de los poemas es el gusto del poeta por las etimologías, reflejado en una serie de poemas como «Gulbenkian» o «Et in arcadia», guardando este último la idea de los sueños anteriormente mencionada y que sobrevuela un gran número de poemas, como pueden ser «Códice» o «Un poscast sobre Dante a medianoche».

Como conclusión, González Iglesias una vez más nos ofrece una obra maestra poética con todas las señas del ascetismo frailuisiano en una estética grecolatina, castellana y contemporánea, dando lugar a un potente clasicismo posmoderno entre lo onírico y más puramente real.

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