Compañera

 

Imagen extraída de https://theintercept.imgix.net

 

Me gustaría saber escribir una elegía —como la de Sijé. Me quedo en el intento.

Hoy es un día gris, aunque el tiempo diga lo contrario. Hoy es el día en el que por fin soy plenamente consciente: la vida no tiene ni un ápice de justa y aquello que llaman karma no es más que una broma de mal gusto.

Hay personas que parece que nacen con un destino de desgracia impuesto. Me revienta decirlo, pero es así. Naciste en una favela. Recuerdo que me contabas que allá en Brasil no podías salir a la calle después de la misa de las ocho. Decías que se oían los tiros. Conociste la muerte desde bien pequeña, también la miseria. Algunos de tus vecinos eran narcos. Tu madre siempre decía que a esos no había que mirarles a los ojos. A los 12, tu madre decide traerte a España. Dejas a toda tu familia atrás. No vuelves a ver a tu padre. Aprendes español en menos de un año y consigues sacarte el curso. Te conozco a los 16. Sentí por ti mucho más que simple admiración. Creo que lo sabías. Luchaste, luchaste mucho. Seguías adelante, aun teniéndolo todo en contra. Hace un mes que volvimos a quedar, donde siempre. Me dijiste que la vida se te caía a trozos. Que habías vuelto a casa de tu madre, que trabajabas casi sin cobrar —tampoco tenías otra. Te ofrecí lo que pude, siendo consciente de que no sería suficiente. Hablamos también del amor, incluso reímos. Te vi tan bonita como siempre. Me dijiste que no podías más, yo no quise creerte. Tú siempre habías podido. Quedamos en volver a hablar.

Ayer leí la noticia. No quise creerlo. He llorado por ti, compañera. 19 años son muy pocas primaveras. Escribo esto por ti, que sepas que te recuerdo. No sé si yo pude haber hecho algo. Solo pido a la tierra: tenla en paz. Es lo mínimo que se merece.

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