Amor omnia vincit

Imágenes extraídas del perfil de Twitter de Guillem Clua

 

Soy medio andaluza. 

Imagina cómo estaba la noche del 2 de diciembre al ver cómo 300 000 personas habían votado a un partido que tolera lo intolerable —estaba abrazando Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba e intentando que no se me cayesen las lágrimas en la bibliografía de Lorca, Poeta en Granada, escrita por Ian Gibson.

Los jóvenes de la generación Z sabemos perfectamente que Facebook no es un buen lugar para expresar tus opiniones políticas. ¿Por qué? Por los cuñados de turno («eu non creo nas meigas, pero habelas hainas» —y lo mismo pasa con los cuñados, que los hay y en abundancia en esta red social—). Fue por este principal motivo por el que decidí navegar por los mares de palabras de los tuiteros y surfear por las diversas fotos satíricas que las redes me proporcionaron, que no son pocas. 

Fue esa misma noche cuando tropecé con la cuenta de Twitter de Guillem Clua (@guillemclua), quien se describe en su biografía de esta red social de forma breve y concisa: «dramaturgo, guionista, director, articulista, viajero, feminista, izquierdoso, vigoréxico y maricón».

¿Dramaturgo, feminista y maricón? En aquel momento necesitaba recobrar el aire que había dejado de inspirar… ¿¡Acababa de encontrar a la reencarnación de Lorca!?

Entre sus tuits, indignado por lo que acababa de suceder en Andalucía, encontré el hashtag #EmilyXaver, un hilo de Twitter que, en medio de este tornado, ha sido mi Ciudad Esmeralda y, en este caso, el gran mago —de la palabra— es Guillem. 

En este hilo, Clua se pone la capa digna de un detective durante su viaje a Rumanía e investiga el curioso caso de la tumba donde se encuentran enterrados dos hombres, Emil Muler y Xaver Sunyer, quienes murieron durante la I Guerra Mundial, como muchas otras personas que han caído en el olvido y cuyas historias han pasado desapercibidas. 

A través de los maravillosos tuits que escribe el dramaturgo —y drama, quizás, no le falte—, descubrimos una apasionante historia de amistad, de amor y, en parte, de celos que llega hasta el último aliento de los personajes. Descubrimos la cara de la esperanza y la cruz de la intransigencia. Pero, sin lugar a dudas, lo primero que a uno le viene  a la mente es esa preciosa frase que dice «amor omnia vincit» (el amor lo vence todo). 

Recuerda: da igual a quién ames siempre que ames bien. 

Capaz de mantenerme al borde del llanto en todo momento, Guillem ha sido capaz de calentar mi corazón estancado en el frío invierno, al igual que me ha hecho creer que no todo está perdido si contamos las historias de todos aquellos que no pudieron contar —por muy ficticias que sean, siempre hay mucha realidad en ellas.

Puede que necesitemos saber más historias, en minúscula, del pasado para saber actuar bien en el presente. 

Y este dramaturgo, guionista, director, articulista, viajero, feminista, izquierdoso, vigoréxico y maricón las cuenta de maravilla. 

Celia Moreno Campos

Estudiante del Grado en Traducción e Interpretación de la UMU. Combina su pasión por las lenguas con la lectura, la escritura y el arte. En sus primeros pasos en el mundo de la literatura, participó en el I Congreso de Murcia Romántica como crítica literaria.

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