De «Cuerdas» a «Campeones»

Me gustaría que hoy reflexionásemos acerca de los distintos términos utilizados para denominar a esa minoría de gente comúnmente llamados «discapacitados». A propósito de la reciente película dirigida por Javier Fesser, «Campeones», vuelve a mí la idea de contemplar la necesidad de un cambio en nuestros hábitos, si de verdad queremos y entendemos el mensaje de esta película, pues es en toda regla un canto a la inclusión.

¿Creen tras ver esta película que la palabra «discapacitados» es la más correcta y justa para describir y denominar a este grupo? Personalmente, considero que, al utilizar este término, estamos limitando aún más nuestra ya intrínsecamente limitada lengua. Además, se imponen inconscientemente límites en las vidas de estas personas, pues, cualquiera que se viese sometido a una situación en la que, rodeado de gente que te subestima, encuentras continuamente obstáculos, acabaría por autolimitarse y convencerse de que realmente esos son sus límites. Disminuidos físicos, psíquicos, minusválidos, discapacitados… todos son, a mi parecer, conceptos erróneos.

Gente con algún tipo de parálisis, síndrome de Down o con cualquier otra diferencia respecto a ese grupo de gente considerado «normales» no son más que eso: personas con alguna diferencia fisonómica, e insisto en que no deberían llamarse minusválidos. No quiero que todo esto termine siendo un artículo generador de opiniones; mi objetivo no es convencer a nadie de nada, sino conseguir que ustedes, lectores, lleven  a cabo un ejercicio de dialéctica y autocrítica para reflexionar sobre los hábitos y que valoren si de verdad están tratando a este grupo con acribia y respeto.

Lo primero que debemos preguntarnos para encontrar un término adecuado al caso es: ¿Tiene este grupo menos capacidades  para seguir con sus rutinas o conseguir sus metas? Claro está que las metas y rutinas difieren de este grupo de personas a ese grupo de «capacitados», pero ¿acaso no son también diversas las metas y rutinas entre estos «capacitados»?

La diversidad de metas y objetivos y el catalogarlas a priori como «metas simples y facilonas», sin basar esta opinión en argumentos sólidos, no otorga ninguna validez ni justifica el uso de términos del tipo «discapacitado», «inválido» o «minusválido», pues esta clasificación es general y perfectamente aplicable a personas que pertenecen al grupo de «capacitados». Estas metas pueden ser diversas y son muy personales: para unos, conseguir mover un pie, mientras que, para otros, su meta es llegar a ser futbolista; unos se sacan su carrera y optan a ser grandes escritores mientras que otros, tras años de esfuerzo, logran hablar.

Las metas nos pueden parecer más fáciles o difíciles pero, a mi parecer, cada meta es tan grande como la persona que se la propone, pues al fin y al cabo cada uno acepta, elige y persigue sus propias metas, ya que es uno mismo quien más se conoce y debería ser el primero y último en decidir, encontrar y cambiar, tantas veces como sea necesario, sus límites.

Todas estas personas con capacidades diferentes están tan capacitadas como cualquier otra, incluso podríamos decir que a la hora de valorar situaciones, de emocionarse y emocionar,  tienen una mayor capacidad; siguen el camino y lo aceptan con una mayor brillantez, avanzan y progresan teniendo siempre muy presente el trayecto recorrido sin perder nunca de vista su ambición por alcanzar sus metas personales. Para ellos no es preciso calcular cuánto les queda para su meta, pues su vida no es una carrera, sino un viaje en el que se encuentran obstáculos, se estancan (como todos) y, a pesar de todo, siguen, con un ánimo y una visión mucho más madura que la de muchos otros. Estancarse es un paso más, pero nunca un motivo de rendición.

Reflexionando acerca de esto nos damos cuenta de que no existen personas más o menos capacitadas y que este término, «capacitado», es bastante ambiguo y subjetivo. A algunos les cuesta más levantarse, superar situaciones, aceptar que algo les haya salido mal, y no por ello son considerados discapacitados. ¿Quién pone los límites? ¿Quién debería ponerlos? Insisto en que nadie debería imponer límites a otros.

Por todo ello propongo evitar acepciones como las previamente explicadas para referirnos a estas personas, puesto que sería más útil invertir nuestro tiempo en investigar enfermedades que hacen que muchas de estas personas sean como son, además de ayudarlas a conseguir sus metas y a crear terapias y otras actividades que les ayuden y no limiten. Tener diferentes capacidades no es un problema.

Empecemos a enseñar y a ayudar a convivir con gente diferente en vez de a diferenciarla, la pluralidad existe. Nacemos cada uno de una manera y nos aceptamos como somos… Esto nos hace diferentes de los demás y hace que nos propongamos unas metas y no otras; puede parecer raro e, incluso, nos puede resultar difícil comprender que alguien que no puede andar pueda estar disfrutando de su vida, pero cuando esto te ocurre desde que naciste te lo tomas como un reto, es el camino que te ha tocado seguir y la forma de vivir más cercana que conoces. No echas de menos tener dos manos si siempre has tenido una, pero siempre se echa en falta gente que te vea capaz de alcanzar tus objetivos.

La variedad es buena y de ella aprendemos, no deberíamos menospreciarla atribuyéndole términos que la infravaloran. Si de verdad queremos incluir a esta minoría y ayudarla a alcanzar sus metas, adaptémonos. En la película de «Campeones» queda claro cómo cada uno tiene diferentes capacidades, y, aunque pensemos que una persona, por no saber hacer algo que para nosotros puede resultar fácil, va a ser incapaz de llevar a cabo tareas difíciles, esto no es así, y así lo vemos en la película, pues se muestra muy bien cómo algunos personajes son capaces de montar en moto, de vivir en su propia casa o de llevar una vida normal con total independencia a pesar de tener dificultades en otras actividades.
Adjunto enlace del cortometraje ganador de un premio Goya en 2014 «Cuerdas»:

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