Alegato para una poesía menos de flipados (I)

Imagen extraída de lacuadrauniversitaria.com

 

Quiero dejar claro que lo que me molesta profundamente es ese ansia de que la poesía sea algo más de lo que es, de que trascienda y se constituya en una suerte de manifestación de verdad o en algo solemne por sí, es decir, este alegato es para que empecemos a entender que la poesía, el arte, (como todo en la vida), es sencillamente un para-mí al que no hay que dar tanto bombo. Que cada uno escriba lo que quiera, pues esto es tan verdadero como lo que escribe el de al lado (que es lo mismo que decir que ambos no son nada).

Intentaré explicar como se lleva a cabo el proceso creativo a través de la fenomenología, con una Teoría del conocimiento, y tratar así de seguir la causalidad que lleva a un poeta a crear. Quizá así se entienda lo inevitable de lo subjetivo en el arte.

Para empezar intentemos definir lo que es una manifestación artística. Siendo muy generosos, enunciemos: Cualquier expresión de una vivencia es susceptible de ser interpretada como una manifestación artística. En esta primera afirmación deberíamos empezar a desgranar las partes. La expresión es una salida hacia fuera, una verbalización (en sentido amplio) de un algo que ocurre, que sale de dentro de algún lugar. Vivencia hace referencia a un hecho, algo que acontece, un existente, un acaecer de otro algo indudable, que además no tiene que ser ”real” (por ejemplo una alucinación ya indica un hecho, aunque no tenga su representación en la realidad sensible). Estos dos términos nos remiten a un sujeto que es el que expresa, un sujeto que saque-hacia-fuera ese algo que acaece y del que ha tenido una impresión y que al pasar por él lo devuelve de otra manera. ¿Qué es este sujeto? La consciencia. La conciencia no tiene contenido, siempre es conciencia-de-algo. Esta consciencia sale desde un ahí en busca de las impresiones de lo que acaece. Cuando encuentra el fenómeno (lo que se le aparece) en tanto que lo recibe desde-ahí, tan solo puede interpretarlo porque no lo ve en su totalidad. Esto es el escorzo o la ”Abschattung” de Husserl. Esto nos dice que aquello que qué pudiéramos llamar inspiración y que se supone la llamada o la revelación de algo no es mas que pura espacialidad desde la que se nos aparecen las cosas. Decir que los sentimientos o cualquier tipo de sensación que no llegara desde fuera, que fuera intracorpóreo, al ser captado por la conciencia se fenomenologiza, por denominar de alguna manera aquella ”traducción” que hace la conciencia al pensar las cosas. Este escorzo, esta perspectiva lo que conlleva es una interpretación inevitable de las cosas que ocurren y son captadas desde-ahí y que remiten a una mirada única. De alguna manera todos estamos obligados a poetizar la realidad a través de nuestra mirada única y que nos limita a la mera interpretación. Lo más relevante de esto, la cualidad esencial para poder considerar a la expresión de una vivencia una manifestación artística seria la necesariedad de entender a la conciencia como una vivencia más. Ocurren dos cosas en este proceso causal de conocer: algo (la vivencia, el hecho) acaece y es recibido y aprehendido por la consciencia, y esta aprehensión, esta percepción de algo-desde-ahí es ya en si un fenómeno, uno que debe tenerse en cuenta para considerar honesta la manifestación estética/artística. Siendo claros, la manifestación de lo poético no ocurre de manera inconsciente. Para que sea verdadero la consciencia (que siempre es consciencia de algo, que no tiene contenido por si misma) debe ser consciente de la conciencia de ese fenómeno que constituye su salida y aprehensión de lo que acaece.

Podemos convenir entonces en que la manifestación artística es exactamente esa conciencia que tiene la propia conciencia de si como fenómeno y que es la interpretación inevitable de lo que acaece. La mirada única y genuina que todos tenemos y que para que no sea tan solo la venta de humo, el poeta debe conocer. Esto sin duda le quita solemnidad a la expresión poética ya que cualquiera que esté vivo se ve obligado a llevarlo a cabo aún de manera inconsciente. Si todos interpretamos, si todos poetizamos, no hay un elemento que justifique un canon de preferencia de una interpretación o de otra. Arturo Pérez Reverte es exactamente igual de válido que García Márquez o Bolaño.

Aclarado esto podemos pasar a la siguiente pregunta: ¿qué es lo que empuja a alguien a manifestar esa manera única de ver las cosas? Podemos hablar de algún tipo de necesidad de exteriorizar y manifestar este proceso. Yo personalmente lo entiendo como una pretensión. Parémonos a pensar en la finalidad. Yo puedo escribir o pintar con la esperanza de que un tercero me reconozca como creador de algo que tenga algún valor. El reconocimiento podría ser esa causa, el impulso que lleva a alguien a escribir o cantar o pintar. Pero también se da el caso de que se pueda crear como potencia, por el acto en sí, por puro goce. Otra explicación válida sería la de devolver ese algo que acaece y del que la conciencia se apropia a su lugar de origen. Esto podría ser lo que Heidegger llama Ser-Tierra, ese reincorporarse auténtico de la obra de arte a la totalidad que es y de la que procede. Bueno, a mi este señor no me dice nada, pero sería pertinente pensar que al simbolizar los hechos, una persona pudiera sentirse en deuda con el mundo y querer devolver lo que le ha sido dado. Pero si es verdad que aun asumiendo la misión de corresponder a lo bello del mundo de alguna manera, esa manera no tiene por que adquirir la forma de una manifestación artística o poética.

 

Continuará …

 

 

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