Universo

″Desde mi ventana descubro la quietud y la imponente figura que se alza al cielo. Inmensidad tapada por el devenir masivo que la rodea. Montaña me engulle hacia su interior y escupe con sabor reacio. Se vuelve hacia mí a medida que avanzo rápida hacia otro abismo. Tierra congelada, vive fuera del tiempo; otra realidad que desconocemos y nos olvidamos. Nos llama, nos grita, de ahí su búsqueda infinita; quiere que regresemos y seamos uno.″

Ocultos con vendas, esparadrapos, somníferos. Aguantamos la respiración en cajas oscuras y sin ventilación, no nos preguntamos nuestra irrealidad cotidiana. Nos tapan horizontes y adaptan nuestras miradas haciéndonos miopes. Pero míranos, no nos aguantamos; ansiedad ante la falta de estar conectados, inmediatez que engloba lo falso y lo convierte en puro; puro estímulo fantástico que anida dentro de nuestro cerebro. Hasta que un escaso destello como el de un rayo partiendo el cielo, la realidad nos aparece nítida y real. Ese cacho oscuro de universo estrellado o ese hueco oculto de una rama de un árbol ejerce tal presión que nos deja ver la esencia dentro de la forma; la característica propia de la naturaleza. En ese momento no nos da tiempo a reaccionar correctamente y, por tanto, somos nosotros (bobos) mirando a «algo» que no acertamos a concretar pero sabemos que existe. En este pasmo de segundo nos da tiempo a darnos cuenta de que el trozo de cielo negro o el árbol en su potencia son relativos a su propia verdad, la verdad suprema que vive a discordia de nosotros. Nosotros que pensábamos ser el centro de todas las miradas.

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