«Jane Eyre» Feminismo Perenne

Ariadna Gil (Fuente: Teatro Español)

Un 16 de Octubre de 1847 y bajo el seudónimo de Currer Bell, la tercera de los seis hermanos Brönte publica «Jane Eyre». La fuerza, lucha e intensidad que nos transmitió a través de Jane, la protagonista de esta obra, han calado en Carme Porticeli, directora de la adaptación al mundo teatral de esta novela. El 5 de Octubre, casi 61 otoños después de su publicación, llegó esta adaptación  al Teatro Español de Madrid.

Esta, representada y producida ya hace un año en el Teatre Lliure de Barcelona, cuenta con el mismo repertorio de entonces, entre el que se encuentran  una sobresaliente Ariadna Gil en el papel de Jane y Abel Folk como señor Rochester.  Además, lo  que al principio parecía que iba a ser un simple decorado sobre el que resaltarían los otros tantos personajes que acompañan a Jane y Rochester (interpretados por Jordi Collet; Gabriela Flores; Pepa López; Joan Negrié y Magda Puig), se convierte en un elemento más de la apabullante escenografía con la que nos van sorprendiendo según avanza la obra hasta llegar a su punto álgido en una ardiente escena protagonizada por la mujer del señor Rochester en la que vestuario, decorado y actriz incendian el escenario en una perfecta combinación.

Este toque de modernidad, romanticismo y frescura con el que Carme Portaceli  nos acerca esta novela se percibe desde el momento en que entras a este imponente teatro y te sientas en tu butaca, pues, al entrar notas algo en el ambiente que te inquieta e intentando descubrir olores, sensaciones que te den alguna pista, de repente, te percatas de lo que ocurre. No suena el hilo musical esperado al que nos tienen acostumbradas otras obras, no suena la lluvia, ni el viento que hacía apenas unos minutos te susurraba algo mientras llegabas al teatro. En su lugar y luchando con suaves palabras contra la verborrea de la mayoría de los asistentes, aún ignorantes de su presencia, un piano y un violonchelo amenizan la espera.

Laia Vallés (en su lugar podréis encontrar a Clara Peya y Clara Lai) junto a su piano y Alba Hero al violonchelo son sin duda el nexo de unión perfecto entre la innovadora escenografía  y el ambiente relatado por Charlotte; entre el blanco de la aparente calma de Jane y la negrura naciente de la mezcla de furia, muertes, ambiciones y, sobre todo, sentimientos con los que Jane debe lidiar. Un punto clave en esta obra.

Todos estos elementos se combinan y hacen el papel de personajes secundarios en una obra en la que Jane, su instinto de superación, la historia de su vida (marcada por su ingreso en un internado, las extremas condiciones de pobreza que allí vive y la muerte de su amiga Helen), su fuerza  y pasión cobran cierto rasgo de atemporalidad. Pues Carme Portaceli ha conseguido sin duda acercarnos este clásico, y, que tanto los conocedores de la historia de Jane como los sorprendidos sintamos que a pesar de los otoños transcurridos y los muchos montones de hojas caídas que el tiempo ha acumulado, el feminismo y Jane son elementos perennes en este otoño permanente.

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