Space rock

Ya no escucho una voz entre las voces
que me dice tu nombre, que es la tuya.
Ya no observo contornos de tu lado
ni me exalto para reclamar tu mirada,
para que la poses allá donde se ahuyenta la luz.

Cómo huyen los pájaros;
se levanta una suave brisa que invade todo alrededor.
Yo no percibo nada,
el llanto de las otras cosas es ajeno a mí
y aún no me duele tu recuerdo.

Salí a buscarte;
te encontré entre las amapolas, nomeolvides, rosas negras y fucsias y granates,
invento de almacén y, sin ceremonia,
las arrancaste como a una puerta abierta.
“Tuyas”.

Encerrada para siempre,
obligada a justificar las acciones que me desprenden de ti,
pero ahora me abraza el sol, los sonidos y ensayo una sonrisilla
desatenta a todo esto que está ocurriendo y que parece no ser mío;
es tuyo.

Te lo ruego,
ya está dicho,
todo armado,
todos los fuegos sin mediadores, sin conflictos, sin excentricidades
de esas que me adueñas. “Tuyas”,
te lo suplico.

He abierto una puerta y la he cerrado.
He vuelto a abrir una puerta y la he dejado medio abierta,
y es de estos por si acasos que nunca tienen hueco en la maleta y hace que pese más de la cuenta y te angustie al llegar al aeropuerto porque un kilo más sale muy caro porque mi vuelo es lowcost.

Porque no hay tiempo para amar.
¿Por qué?

Gloria Cuevas

Me gusta estar atenta a la belleza del mundo, hago cosas con palabras y en ocasiones fotos.

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