Carta al señor capellán

La columna de este lunes que aquí leen es un tanto especial, pues, excepto estas líneas aclaratorias a modo de introito, se desarrollará en verso. Para ponerles en precedente, ponderados lectores, he de informarles que, hace unos días, En plan culto, la revista que aquí leen y de cuya Junta Directiva forma parte un servidor, recibió un correo electrónico cuyo remitente correspondía al capellán de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra santa casa, la Universidad Complutense de Madrid. En dicho correo, nos animaba a publicitar la misa de fin de curso del día diecisiete de este mes. Con ese fin, he escrito esta epístola pública. No obstante, antes de dejarla ante sus ojos, quisiera aclarar que el que aquí firma como Javier Báez es el único responsable de las líneas que a continuación se ofrecen, dejando fuera de cualquier problema que pudiera, en un caso extremo, derivarse de la presente carta, en primer lugar, a la institución En plan culto como a todos los directivos, compañeros, amigos y asociados. Que me hago cargo de todo, vaya. Ah, por cierto, daré más explicaciones, esta vez en prosa, en mi columna del lunes que viene. Sin más, aquí le dejo mi carta, señor capellán:

 

Carta al señor capellán

Capellán estimado, grado en Filología:

Esta carta le escribo, por la cuaderna vía,

mester trago fermoso, que es de clerezía,

a sílabas cuntadas, ca es grant maestría.

 

No le quiero faltar, pues, es más, me resisto

a tener que aclarar que ante usted me desvisto

y que a usted le supongo el carácter de listo,

mas le advierto: no creo ni en dioses ni en Cristo.

 

Ha llegado el momento, el deber de explicar

el porqué de este texto; alguien debe de estar

fuera de este contexto, empezando a dudar

sobre a qué le contesto, de mi aula a su altar.

 

Pues resulta, lectores, que ante sus pies me hallo,

que un buen día, señores, recibimos -subrayo-,

un correo invitando, pero a publicitallo,

a un evento eucarístico, diecisiete de mayo.

 

Caerá en la cuenta, capellán, gran lector,

alcanzó su objetivo: en la estrofa anterior,

ya anuncié a mis lectores, hijos son del Señor,

la ocasión que me brinda como predicador.

 

Una vez realizada esta publicidad,

a exponer me dispongo, bajo propia humildad,

por qué creo que a usted, con legitimidad,

no le importa En plan culto, pero sí su Verdad.

 

Pero, antes, señor, eminencia plausible,

no podrá discutir, por ser indiscutible,

que, en el día de hoy, me resulte increíble

facultad con capilla, suma indivisible.

 

Y ojalá me equivoque, pero me hace creer

que esta humilde revista, que ya empieza a crecer,

para usted no ha existido, sin de fe cuestión ser,

y que nuestros poemas no acostumbra a leer.

 

Pero, antes de nada, pues la duda me ronda

de que sea interés lo que en su piel se esconda,

yo voy a comprobar, modo de globo sonda,

si nos lee o no. Si es así, nos responda.

Fuente: Religión Confidencial.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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