Descansa la cabeza que duele al sentir

Nunca separan palabras: capturan,
dicen, se limpian las migajas de pan
del borde de la boca. Terminan
su rito no ceremonioso y aseguran
“ha sido una estimulante charla”
con hipérbaton y todo.
Azul, la señora -¿sí?- de mi derecha
coge un cigarro y lo prende con un «chás»
que me despierta del análisis y prende
esta vez mis pestañas y lo aleatorio
ha llenado el salón sin que dé cuenta.
La despedida tiene cortesías
que no entiendo si un ‘adiós’
se escapa con unos labios bellos,
bellos hasta para sus dientes amarillos
que crujían tostadas hasta hace un instante.
Mamá regala recetas – no sé si cortesía
también – y sin saberlo ella me regala
la excusa para volver. Yo no lo sabía,
yo no lo supe entonces pero entonces,
justo en esas mejillas besadas por culto,
dejé el pensamiento.

Alba

Me hago incomprensible a propósito y lloro con las canciones de Carla Bruni. Qué significará.

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