En memoria del proceso

A Ángel González

 

Descorre la persiana con desdén
y observa que todo está apagándose:
la luz, la tarde y la centella del cigarro.

Tengo el color anaranjado de los cielos
en medio de la boca —se dice.

Deja el humo en la cornisa
y recurre con amor a su libreta:
un nuevo poema ya ha nacido.

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