Más Quevedo y menos Defreds

Del mismo modo que, en anteriores números, hemos tratado ampliamente el tema tan manido —y tan poco profundizado, en general— de los límites del humor, dado que la literatura es nuestro campo, me veo impelido a esbozar los límites de la literatura. No porque la literatura tenga unos límites que no se puedan sobrepasar; soy de la opinión de que, de la misma forma que en el humor, se debe poder hablar de todo, sin tapujos ni límite alguno. De lo que se trata, o esa es mi intención, es de marcar los límites de la literatura a nivel general, porque lo que no se puede es hacer literatura de cualquier forma ni se puede llamar literatura a cualquier cosa. Es decir, se trata de decidir lo que es y lo que no es literatura. Y esto, caros lectores, es una tarea harto difícil, dada la extrema subjetividad que la envuelve. No obstante, como este es mi espacio de opinión, me ceñiré a mi tarea, que es opinar.

Esta mierda NO es literatura. Fuente: Tumbrl.

Mi compañero Jorge Sánchez y yo, ambos a la cabeza del Departamento de Poesía de la revista que aquí leen, tenemos una lucha a capa y espada contra eso que nosotros llamamos pseudopoetas o poetas de enter. Seguro que se han cruzado a más de uno en sus muros de Facebook. Se trata de un grupo de gente —cada vez más grande— que escribe textos, pero no poesía, pero no literatura. Sus “poemas” consisten en textos en los que incluyen versos más o menos afortunados de dos tipos, a saber: ora de carácter motivacional —más propios de un libro de autoayuda que de un poemario—, ora de una sentimentalidad tal y tan general que es muy fácil que cualquier persona se sienta identificado con lo que cuenta. ¿Y esto es poesía? ¿Y esto es literatura? Ni hablar; sólo esto no vale. Para camuflarlo un poco, para esconder la gracia que no les quiso dar el cielo, de vez en cuando se acuerdan de darle al enter. Sus textos, además, se caracterizan por tener continuas faltas de puntuación, cuando no a nivel gramatical y/o ortográfico.

¿Las causas? Creo que son tres. Para empezar, la democratización de los medios, merced a internet. No son poetas, son personas con acceso a internet. Desde que apareció internet, la mediocridad es lo que triunfa. Los políticos, los músicos, los poetas… son cada vez más mediocres. Cada vez es más fácil destacar intelectualmente, aunque, a mayor nivel intelectual, es más difícil que te destaquen. Con la poesía ocurre lo mismo. Igualmente que ha destacado El Rubius en el mundo del entretenimiento —ya ven, un soberano analfabeto—, aparece Rubius en la poesía. Antes, era más difícil que te leyeran —y, quizás, era hasta mafiosillo que consiguieses hacerte leer—, pero, al menos, había un filtro. Un filtro puesto por personas que se dedicaban a filtrar.

La segunda causa es la menor lectura de los clásicos. Los clásicos son esenciales en la formación de un escritor. El entrenamiento de un escritor consiste en la lectura, pero no en la lectura de cualquier cosa, sino en la lectura de los grandes. Considero que uno de los mayores males en la literatura es la falta de referentes, pues, a la hora de escribir, debe hacerse una cantidad incesante de referencias. Es decir, en la escritura se tiene que volcar todo lo que se lee, de manera que uno es mejor escritor cuanto mejor lector es. Y es lo que le falta a estos escritores de tres al cuarto, que no han leído algo sustancioso en su vida, por lo que les faltan referentes y referencias, de lo que se deduce que, sí, escriben, pero no literatura.

La tercera y última es simple. El nivel de tus seguidores dice mucho del nivel de tu obra. Es así de simple. Si ellos tampoco han leído nunca a —¿qué se yo?— Lope, pregúntate por qué te leen a ti.

¿La solución? Creo que es clara: más Quevedo y menos Defreds.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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