El lobo de Wall Street y la novela picaresca

“Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Jordan Belfort, natural de Nueva York”; bien podría comenzar así El lobo de Wall Street de Martin Scorsese, salvando la antigüedad de algunas expresiones. El propósito de esta nueva sección es comparar obras de la actualidad más o menos candente con clásicos, y, de hecho, mi propósito en este artículo es hacer una comparativa entre El lobo de Wall Street y la novela picaresca.

Fuente: El País.

Para comenzar, creo imprescindible hacer una diferenciación entre dos tipos de novela picaresca, basándome en las dos obras cumbre de la literatura española al respecto y, por consiguiente, de la mundial. Está claro, por un lado, que el Lazarillo de Tormes es una novela picaresca; no hay duda, pues es la novela fundacional de este género. No obstante, no está tan claro que La vida del buscón llamado don Pablos sea picaresca. Hay una corriente de la crítica que considera que la novela de don Francisco de Quevedo no forma parte del conjunto picaresco, porque, arguyen dentro de esta corriente, que la finalidad de El buscón es, precisamente, mostrar que, si se nace en un estamento social, es muy difícil abandonarla. Pero lo trataremos como picaresca, porque, personalmente, creo que el género lo determinan una serie de elementos comunes, no la finalidad; pero, claro, esto es sólo una opinión.

Logo de la empresa de Belfort.
Fuente: Wikipedia.

De este modo, El lobo de Wall Street es parte de la picaresca. La película comienza con la presentación de Jordan Belfort, encarnado por Leonardo DiCaprio, como hacen todas las novelas de pícaros (si bien lo hace desde el futuro, a modo de flashback). Otra característica propia de la novela picaresca es la asociación. Lázaro tiene muchos socios a lo largo de experiencia vital, uno por cada tratado. Nuestro antihéroe no tiene sólo como socios personas físicas, sino también personas fiscales. Belfort empieza su aventura como bróker en Wall Street, de modo que obtiene sus primeras destrezas, como Lázaro con el ciego. Más tarde, llega el crack de la bolsa y Jordan Belfort, tras una breve época de pago, consigue otro empleo (es decir, otro socio) como bróker en una empresa muy pequeña, vendiendo acciones de hacendado y bonos basura. Así, fue creciendo económicamente. Después, como ya es mucho más diestro en el mundo de la bolsa, Belfort crea su propia empresa de bolsa: Stratton Oakmont.

Es a partir de aquí donde veo más relación con El buscón quevedesco, más que con el Lazarillo, por ese argumento anteriormente señalado, el de que, al nacer en un uno, es muy difícil cambiar de estamento. En el caso de El lobo, también se hace una radiografía de la sociedad. Aquí, como la película está ambientada en el siglo XX (aunque publicada en el siglo XXI), ya no se trata de una sociedad estamental, sino de clases. Y eso es lo que se muestra en esta película, del mismo modo que en El buscón, pues se ve cómo nuestro protagonista va ascendiendo en la sociedad. La única similitud de esta sociedad de clases con la estamental es que la clase alta se convierte en un estamento, de modo que, cuando se llega a la misma, es muy difícil abandonarla. Incluso cuando la policía investiga su empresa, o cuando va a la cárcel aun, no deja de ser millonario, y sigue poseyendo los mismos bienes, aunque le despojen de sus medios de producción. No obstante, económicamente, sigue perteneciendo a la misma, a la alta, pase por las penurias judiciales que pase.

Pero en lo que encontramos más similitudes entre los escritos y la filmografía es en el carácter del personaje, que es un antihéroe ante el cual el receptor —ora lector ora espectador— no sabe si siente admiración o asco, o quizá conviven ambos sentimientos, o los siente por etapas consecutivas.

Por otro lado, hay elementos que aparecen en El lobo de Wall Street que no aparecen en las novelas, como la relación del personaje con las drogas o con las mujeres, y viceversa, pero, obviamente, si todo fuese igual, no serían historias distintas y, excepto una de ellas, las demás serían prescindibles. Y no lo es ninguna.

Como conclusión, me gustaría señalar que, obviamente, cuando Scorsese pergeñó esta película, estoy seguro al cien por cien de que no estaba pensando en la teoría de la historia de la literatura, pero es que ni Quevedo ni el escritor del Lazarillo estaban tampoco pensando en escribir un género concreto. No obstante, nuestra misión en esta sección es la analogía; la razón de ésta nunca la sabremos realmente.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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