Javier López de Guereña (I): “Estamos en un momento de regresión.”

Javier López de Guereña (Bilbao, 1957) es un músico, compositor, arreglista, productor y una lista de oficios interminable —así será su cuota de autónomos—, entre las que se encuentra la de buen amigo. Entre otras cosas, que no dejan de ser reseñables, destaca por haber sido el guitarrista de Javier Krahe, aparte de ser compositor musical —composiciones entre las cuales se encuentra la sintonía del telediario de TVE en época de Aznar—, de bandas sonoras de películas, etc. El año pasado, publicó su primer disco como cantautor: Valle de lágrimas. Ahora anda liado con una zarzuela ambientada en la batalla del Guadalete. Resumiendo, digamos que cualquier oficio que se pueda desempeñar dentro del mundo de la música lo desempeña él, siendo la coreografía su especialidad.

Nos citamos en la plaza de Santa Ana, por la tarde, como debe, y, café y coñac de por medio, comenzamos a charlar.

Siempre nos gusta empezar por el principio de la vida de uno. Naciste en Bilbao en 1957. ¿Cómo fue tu infancia en Bilbao?

Mi nacimiento, no me acuerdo, pero debió de ser feliz. Mi infancia en Bilbao fue agradable. Éramos cuatro hermanos. Y un padre y una madre.

Yo me fui muy pronto de casa por los estudios y, en seguida, me vine a Madrid. Entonces, siempre he estado bastante desvinculado de Bilbao, aunque no de la familia, que siempre hemos tenido una relación muy buena, igual por no verme tanto. Tuve la suerte de pasar mis primeros cursos en el colegio francés, entonces aprendí a leer en francés antes que en español. Fue una suerte, porque no hice ningún esfuerzo. Y, de ahí, pasé a otro colegio, que era del Opus Dei, pero, en terreno religioso, no era especialmente agobiante, y tenía un sistema educativo bastante moderno para la época. Por ejemplo, en Literatura y Lengua, hacíamos debates; y eso es maravilloso. Aprender a argumentar sin acritud, por la cuestión de establecer una vía argumental, facilita la vida a todo el mundo y, sobre todo, es bastante divertido. Y, a la hora de afrontar algún problema, es mucho más serio hablar que darse de tortas.

Al mismo tiempo, como era nuevo, me apalizaban, el bullying era lo que me pasaba todos los días. Pero el arma que hizo salir ileso fue que empecé a ganar prestigio porque era más o menos listo y empecé a ser un líder musical. Entonces, me gané un respeto. Al principio, había coro (a ver, el canto coral es fundamental en la formación de un músico que se precie) y me lo pasaba muy bien, pero se me quedaba corto y pedí que nos dejaran hacer otras cosas, y monté un grupo de blues.

¿A qué edad?

A los once. En cuanto aprendí a tocar algo. Y, en estas, se hizo cargo un tío que estaba quemado de girar por España con el bajo y eso cambió totalmente. No sólo aprendí, sino que me picó para escribir en modo clásico. Aprendí solfeo escribiendo. Me grababa en casette lo que hacía cada uno, pero no tenía ni idea… Y me vi escribiendo para una pequeña orquesta porque me picó este tipo. De ahí, seguí.

Una cosa que me ha sorprendido y no sabía es que estudiaste Ciencias Biológicas. Ahora entiendo muchas canciones tuyas, como la Exultante exaltación del método científico

Hombre… lo tengo clarísimo, podría haber hecho Filosofía o… Yo hice Biológicas y, en concreto, me dediqué a la Bioquímica. Entonces, ese tipo de pensamiento analítico, científico…  marca. Marca en la vida, en la manera de componer y también en hacer letras, aunque sea de coña.

Todas las fotografías de esta entrevista están realizadas por Javier Saborido.

En tus canciones, me pasa como con Krahe. Como dices, algunas son de coña, pero, en realidad, tienen un trasfondo, a veces, a lo mejor, hasta no intencionado, pero, por ejemplo, El castillo, en la que, aparte de la broma, hay una defensa de los valores del Humanismo, del Renacimiento… ¿hemos perdido todos esos valores o qué es lo que nos queda?

Perder, no, pero están en un reducto gracias a nuestros poderes fácticos. Si siempre nos han puesto trabas, ahora mismo nos las ponen leyes mediante. Pues sí, creo que estamos en un momento de regresión, en ese sentido, incluso en el puritanismo, no sólo sexual, sino en la opinión y esa exaltación de la ira que se produce cuando alguien hace un chiste o un comentario irónico. Ya ni siquiera satírico, sino irónico. Sí, estamos en una infantilización.

En realidad, el Krahe lo decía de una manera muy peculiar e interesante: decía que había cuestiones sobre las que no sabía cuál era su postura hasta que escribía una canción. En cierto modo, es comprensible, aparte de que él tenía un punto óptico singular, divertido e inesperado. Por ejemplo, en La casa de fieras, que acaba hablando del maltrato animal, pero lo plantea desde un eje del caballo, no del picador. Hay cosas que se dan por buenas. Fíjate en todo el animalismo que tenemos hoy en día y la cantidad de tonterías que se pueden decir al respecto, no sólo ya racionales respecto al derecho, sino también a la hora práctica. Es que es un puro desconocimiento de los mecanismos. Es decir, ¿dónde se acaba la relación con los animales cuando tú vives en una jungla por más ordenada que sea? ¿Por qué te puedes comer las algas? ¿Cuál es el sufrimiento antropomórfico que te molesta? Porque a nadie le molesta matar a un mosquito, y es un ser bastante desarrollado. En fin, en una canción, aunque parezca inocente, se comunica una moral.

Intrincada con la anterior, en Algo liviano hablas de la educación. ¿También hemos perdido todo?

Bueno, en eso, yo no estoy seguro. Siempre los mayores dicen que se han perdido las buenas maneras. Yo creo que corresponde a lo mismo: a un egoísmo que tiene que ver con la infantilización social. Siempre ha habido, como es normal, peleas entre vecinos. Y las buenas formas ni siquiera garantizan la bondad de las personas; se puede ser muy educado y ejecutarte muy limpiamente. Yo creo que hay una visión más corta, o sea, la gente anda con su móvil por la calle y eso define muchísimo, incluso qué relación tienes con las personas, el mundo y en el comportamiento habitual. Yo tengo clarísimo que cualquier relación que empieza con una sonrisa siempre es mucho mejor, aunque, a veces, te lo ponen complicado.

Pero, en Algo liviano, la canción es la progresión, pero hacia el delirio, que es lo divertido.

Puede ser que pase lo que predijo Aldous Huxley en Un mundo feliz, que, a través de todas nuestras comodidades y nuestros vicios, nos estén dominando mejor que en la más represiva dictadura, que se ve también en El autobús, que es una contraposición de dos tipos de persona. El móvil nos ha distanciado mucho de la personas. La persona que está con el libro es más calmada y la del móvil…

Y la que está con el móvil le echa en cara que está perdido, que está aislado, mientras que ella está en todo y, ya ves tú, no está en ninguna parte. Sí, desde luego, entre Huxley y Orwell lo clavaron. Y, ahora mismo, estaba leyendo a Bertrand Russell y, también, hay cuatro frases que son… aparte de que es interesantísimo y entretenidísimo. Encima, Russell tenía un humor genial. Hay una cosa que dice: “El libro es el conocimiento humano”. Entonces, sobre el conocimiento, hay que plantearse dos cosas que casi nadie se plantea hoy en día, que es qué es lo que conozco y cómo lo conozco. Saber, sabes poquísimas cosas. Y las que sabes, las sabes porque te las ha dicho alguien con mucha autoridad. Como el famoso titular: Científicos dicen que… Pero, Dios mío, ¿qué titular es éste? Pues manejamos ese tipo de datos que basta con repetirlos veinte veces para que se conviertan en verdad. Amigos, nuestro Gobierno es mayoritariamente votado por gente a la que están saqueando. ¿Cómo se consigue eso? A base de repetir eslóganes… Venezuela… Y distraído todo el mundo y preocupadísimos de un terremoto en la última zona del último rincón de China.

López de Guereña, fotografiado por Javier Saborido.

Vamos a hablar un poco de Javier Krahe, ya que tu disco es un guiño a Javier Krahe, con tu Baile de lágrimas y su Valle de lágrimas, y tu canción de El cantante, que le dedicaste. Ahora estáis haciendo un espectáculo que se llama Huérfanos de Krahe, ¿no?

Sí. En realidad, se llama así porque, de hecho, al Krahe le encantaba utilizarlo para ligar. Cuando entraba una chica, la miraba con un contoneo de los ojos y la carita y le decía: “Es que soy huerfanito”. Entonces, claro, eso, con sesenta años, es un argumento. Y, efectivamente, como somos huérfanos, nos lo apropiamos. Pero, en definitiva, lo que hacemos es cantar mejor que nadie sus canciones, porque las sabemos muy bien y qué es lo que quería contar. Pero tampoco nos prodigamos muchísimo.

Yo creo que a Krahe nunca se le ha valorado literariamente, porque, de lo que he escuchado, a mí me parece el músico más literario, y tú lo sabes mejor que yo… medía los versos, quería hacer un romance y lo hacía… y nunca fue muy valorado. ¿Puede ser porque Krahe jugaba también al humor y el humor está muy infravalorado?

Ya ves tú, cuando tienes a Quevedo, que, efectivamente, ¿en qué basa toda su arma? Pues yo creo que el Krahe no está infravalorado a nivel pequeño. De hecho, aparece en tesis, le han utilizado para dar clases… Pero, efectivamente, hay que estar al tanto o que el género te interese. Pero, el público, en general, está en otra cosa. Si está con Despacito… Y, dentro de eso, hay una deriva, cuando abren los ojos (o las orejas), y raperos descubren a Krahe, porque a los raperos los versos les interesan y Krahe les llama la atención. Pero hay que tener una disposición a encontrar la literatura en el asunto. Pero, en la canción, aparte de que hay mucho cantamañanas, hay mucha flojería. Hay ese orden de canción de “cuánto te quiero” que, de ahí, no se sale. Que sí, que está bien, pero anda que no hay maneras de decir “cuánto te quiero”…

Y el Krahe es un placer adulto. Dentro de los autores de canciones, quitando a los no serios, todo el mundo valora mucho a Krahe. Pero no sólo literariamente, también musicalmente tiene un camino muy peculiar, que tiene que ver con su forma de escribir, desde luego. Y, si no me equivoco, es alguien que va a durar más tiempo del aparente. Es que, claro, los textos escritos tienen mucho peso; muchas veces no hace falta ni oír las canciones; vale con leerlos.

¿Cómo lo conociste tú a él?

Javier López de Guereña charla con Javier Báez.

Lo conocí por Andreas [Prittwitz]. Al poco de llegar a Madrid, como empecé a hacerme sitio en seguida, conocí a un cantautor y al tío le gustó lo que yo toqué, grabó una maqueta y le hice los arreglos. En estas, estaba implicado Andreas e, inmediatamente, me hice uña y carne con él. Y Andreas, en ese momento estaba con Aute, Suburbano… y Krahe le había echado el ojo y empezó a tocar con él, grabando Aparejo de fortuna. Y, en esas, conocí a Javier. Muy poquito después, ya estaba ahí.

¿Nos puedes contar una anécdota graciosa con Javier?

No. Es que es muy difícil. En realidad, como es un contaste, no sé determinar dónde acaba una y dónde empieza otra.

Pinche aquí para leer la segunda parte.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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