Soneto del Vencido

Otra vez camino solo y malherido.
Otra vez me llega cierta hiel ambigua
que confirma que mi cuerpo dolorido
persigue el aullido de la pena antigua.

¿Cuántas veces más, bestia encadenada,
abrirás tus fauces toscas frente a mí?
¿Cuántas veces más, bramido de la nada,
dejarás mi cuerpo varado frente a ti?

Mis pasos yerran por un sendero tórrido
inundado de cemento y de alquitrán.
No existen brisas coloridas en lo hórrido.

Mis pasos avanzan lentos por la tierra
que los caballos jamás recorrerán:
el lugar al que la pena me destierra.

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