¿No estás harta, Luna?

La Luna no me deja de mirar
con su gran foco por cara
para espiar toda descarada
a quien quiera y más la muy cotilla.

Creyéndose una diva sale de gala
hasta la nariz empolvada de talco.
Y, como la gorda de la ópera
ocupa la penumbra con su oronda figura,
desparramada en el proscenio y sin cantar.

No tocan nada pues la sinfonía es muda
primitiva y ruda como siempre.
Como ninguna, la obesa observa
lo que suele ser secreto de la noche.

Así, en un coche, a lo lejos
ve la hierbabuena de un nieto
tiernamente regada por la abuela.

Allí, más allá, una pareja
de imberbes de grandes discursos
saltando la verja que los separaba
para compartir la baba en un beso.

Por ahí hay también un loco,
con solo un albornoz vestido,
esperando el muy pillo en la sombra
a algún desprevenido y despistado
enseñarles un lánguido nabo caído.

¡Qué chismosa es el tonel de la Luna!
Por eso sólo la tuna te canta ahora.
Mentira, cierto, también están los guarrosos
bécqueres salidos de un mohoso pueblo de Salem,
que sólo mojan la pluma en semen de seso muerto,
ingenio seco y algún orificio encandilado…
Idos, iros o irse (da igual) a fumaros
más distancia y alejaros de aquí ya,
pajarracos de verso por duro.

Luna, lunera, luna decía un poeta.
Lunareja, luna, lunareja dice otro
a la violeta y burla de la puerca.
¿No estás ya harta de coagulada sangre,
suicidios descerebrados, balas flojas
en el cráneo y amantes lloricas?

¿No estás cansada de miedo
ventoso y fantasmas trasnochados,
resacosos y de pálido lechoso?

Yo sí. Bastante. Un poco… Mucho.
Románticos de puchero fácil
que versan rindiéndose en el enter.
Éter fecal y mal oliente
son los que impregnan su verso
para pasar de culo en culo con gozo.

Bueno, lozana, hermosa y gruesa Luna,
ancha como un cerdo
y grande como de Sancha la barriga,
osa del cielo y dichosa en curvas,
condesa de la manteca, duquesa saturada,
rolliza de sonrisa e inflamosa de mejillas,
sebosa circular de leche entera
e hinchada de hueso fuerte,
de ti se despide un poeta de más,
archirechoncha estrella nocturna.

J. Séguel

Nacido quién sabe dónde en 1997, supo desde muy pequeño que su vida estaría ligada a las letras, artes y humanidades. A veces, llevado por las ínfulas de escritor y poeta, toma el nombre de J. Séguel, escribiendo sus creaciones en su cuaderno literario www.versosgordos.wordpress.com Ahora estudia Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, caminando entre las academias y sus ideas. Ahí fue donde se encontró con otros cronopios, como diría aquel autor argentino, dando lugar a este maravilloso proyecto llamado En plan culto.

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