Populismo cultural

Que la cultura tiene un problema para encajar en este mundo actual no es un secreto. Hoy en día, cuando profieres una palabra que se escapa del modismo, ya te llaman pedante (desconociendo, aparte, que pedante no era sino la persona que se encargaba de enseñar gramática a los niños). Incluso cuando lees por gusto, en ciertos círculos, te miran como a un bicho raro. No se le ocurra a usted utilizar un latinismo, por descontado. Y no será difícil encontrar a un ingeniero que se pregunte para qué sirven carreras como filología o economía. Pues bien, lo que vengo a decirles, carísimos lectores, es que esto, es, en parte, culpa nuestra.

Y digo en parte porque, en gran parte, es obvio que el sistema en el que vivimos no nos permite desarrollar las humanidades como, ya no un trabajo, sino un oficio. Porque las humanidades no son útiles a corto plazo. No son útiles en tanto que no son productivas. No son útiles en tanto en cuanto un obrero en una cadena de montaje, un cajero de un supermercado, un arquitecto, un ingeniero… todos ellos no precisan de las vicisitudes del humanismo para desarrollar sus trabajo y oficio. Porque, al fin y al cabo, y simplificando, el único progreso que entiende este sistema es el científico, el técnico. Que, obviamente, bienvenido sea y como progreso se defina, pero no en condiciones de exclusividad.

Francisco Umbral. Fuente: 20minutos.

Y retomo (y desarrollo) lo que he afirmado antes, una vez matizado el “en parte”: la culpa es nuestra. Carlos Fernández Lidia defiende el populismo en su libro En defensa del populismo (si bien este libro está orientado hacia la política, pero más abajo me entenderán) desde el paradigma del mito de la caverna de Platón. Arguye el profesor que el populismo es explicar el mundo de las luces con el lenguaje del mundo de las sombras. Y el populismo político es trasladable (no sin tomar extremadas precauciones) al mundo cultural. Por eso digo que es nuestra la culpa: no hemos sabido ser culturalmente populistas (aunque sí existan pequeñas excepciones).

Populismo cultural es Camilo José Cela diciendo en la televisión nacional que es capaz de absorber litro y medio de agua por vía anal. Es, también, el “¡yo he venido a hablar de mi libro!” de don Francisco Umbral. Es el milenarismo de Francisco Arrabal. Es Bob Dylan vacilando a los periodistas (y a la academia sueca que otorga el premio Nobel). Y ejemplos hay muchos, pero muy dispersos.

Pero, igual que en política, el populismo no debe ser más que una herramienta que sirva a un determinado fin. De hecho, el populismo ni debe ni puede ser el fin. Y, como en política, el populismo puede servir tanto a un fin plausible como a un fin infame.

Recuerdo que, cuando Bob Dylan fue nombrado Premio Nobel, discutí al respecto. Y empleé un fatal argumento: Bob Dylan también ha escrito libros, le dije. Ya, y Belén Esteban, me respondió. Pues sí, porque Belén Esteban vendiendo más libros que casi nadie en un año en España también es populismo. Y éste es un populismo de los que sirven a fines viles.

Y el populismo, mal que nos pese, choca frontalmente con la intelectualidad (ahí tienen a Umberto Eco diciendo que salir en la televisión es un acto de indecencia), pero debemos usarlo. Como herramienta, no como fin. A ver si así somos capaces de devolver la cultura al lugar que se merece, a ver si llegamos a tiempo de evitar la muerte de la poesía, sino el suicidio. Al fin y al cabo, les escribo desde una revista que se llama En plan (modismo) culto (declaración de intenciones). Creo que un poco populistas sí que somos. Bueno, ¿y qué?

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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