Cuando Lope de Vega se fijó en las hojas

Las primeras hojas de los árboles estaban empezando a rozar el suelo, amarillas, marrones, verdes… de colores tan diferentes como las personas que más tarde las pisaban sin prestar atención.

Pero Lope sí lo hizo. Aquel día había salido en busca de inspiración y como de costumbre, sin quererlo le llamaban la atención las cosas más insignificantes. ¿Cuánta gente habría estado allí? ¿Cuántas personas habían pisado aquellas mismas hojas que se encontraban ahora bajo sus botas? Seguramente muchísimas.

En ese momento, un niño se le acercó de repente:

—Disculpe señor, se le ha caído esto —le dijo el chico, devolviéndole la pluma.

—Oh, muchas gracias muchacho, no me había dado cuenta —contestó.

Tras esto, se dispuso a continuar con su paseo pero entonces se le ocurrió algo.

—Muchacho, espera un momento, acércate —le pidió.

El niño, aunque algo indeciso, obedeció y se acercó a Lope.

—Dime, ¿te has fijado en las hojas? ¿En sus colores, formas y tamaños? ¿En lo distintas que son? Y aun así, todas vienen del mismo lugar y van a parar al mismo lugar, al suelo.

—Em… pues nunca lo había pensado… ¿Quiere decir que son como las personas, que por muy diferentes que sean todas nacen y mueren?

—Exacto —respondió Lope, sonriendo.

Entonces, ambos se sobresaltaron al oír una voz a lo lejos:

—¡Manuel, venga vámonos! —le gritó su madre al niño.

El chico se despidió, y Lope también decidió regresar a su casa. Una vez allí, se quitó la chaqueta negra, se sentó en su escritorio y cogió la pluma que le había devuelto Manuel. La miraba mientras la hacía girar entre sus dedos, pero no la veía. Como tantas otras veces, Lope acostumbraba a pensar mientras se acariciaba el bigote, le ayudaba a concentrarse. Pensaba en Manuel y  en aquel camino lleno de hojas…

Entonces comenzó a escribir y continuó haciéndolo durante horas, hasta que finalmente se quedó dormido y preguntándose si dentro de mucho tiempo… años o quizá siglos, tal vez alguien como Manuel o como él volvería a fijarse en aquellas hojas de colores que habían empezado a cubrir el suelo, sin llamar la atención a casi nadie. Solo a unos pocos.

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