Ars photographica III

De lo efímero y lo eterno

Hay voces dando el grito de alarma. Personas peligrosas hablando entre ellas y al mundo de la resurreción de un monstruo que creíamos muerto en los albores del Siglo del Silicio. Hablan de emulsiones, de plata expuesta al sol, de papel que trae a la vida a tus ancestros.

La fotografía analógica, dicen, vuelve.

Yo mismo reconozco haber tenido escarceos con esta vieja droga. Llevar un carrete a esa tienda de la que has oído hablar, esa que aún hoy conoce los alquímicos caminos del revelado. Yo he esperado y vuelto al tercer día para recoger esos legajos de papel plástico cómo si fuera navidad en mayo.

Con esto no quiero deciros que debáis mirar en gualapop, comprar una cámara de treinta euros y un carrete de tres. Tampoco os estoy animando a que viváis la satisfacción que te llena el pecho al ver que las fotos han salido bien, que vais a ser jóvenes para siempre, que dentro de quince años verás esas fotos y recordarás qué pasaba y quién eras.

Deciros eso sería una imprudencia, una predicación en el desierto porque, ¿quién querría eso? ¿Quién en su sano juicio se molestaría en comprar un carrete cuando ya existe el filtro Valencia? No os engaño, la fotografía analógica (hay quien la llama argéntica, la llamaré así a partir de ahora) es una complicación constante, una tensión sobre si en tal o cual foto he salido con los ojos cerrados, si todo saldrá enfocado… Es una tensión hasta que ves las fotos en papel, no os voy a engañar

Yo, desde luego, no os animo a comprar una cámara. No os animo a hacer fotos. No os animo a imprimir las fotos digitales que tengáis. No os animo a nada de esto porque es absurdo, es una pérdida de tiempo.

Pero.

Si has llegado hasta aquí quiero pedirte un favor. Busca los álbumes de tus padres, de tus abuelos. (H)ojea esas páginas plastificadas llenas de recuerdos. Búscate a ti mismo de bebé, busca a ese tío tuyo y sorpréndete de que no siempre ha sido calvo. Por favor, mira que guapa era tu madre. Y mira cómo era tu padre, ¡si ni siquiera tenía barriga! Estos son solo ejemplos de lo que, por favor, os estoy pidiendo que descubráis.

Y, si por alguna misteriosa razón, quieres desempolvar la vieja cámara de tus padres o comprarte una de segunda mano yo estoy aquí para ayudarte. En serio, pregúntame y yo te ayudaré a empezar. Soy fácil de encontrar en redes sociales y los comentarios de esta publicación serán atendidos.

Pero no lo olvides, yo no te pido que hagas fotos, te pido que sientas lo que yo sentí al ver que cuando fui un bebé era rubio… Y darme cuenta de que el tío que no siempre fue calvo tarde o temprano seré yo.

Javier Saborido

Apenas adicto al café hace fortuna como fotógrafo ronin en Madrid. La demostración de que la democracia funciona reguleras es que es el director de esta revista. Podéis ver sus fotos aquí y aquí. Además de ser el director se encarga también del departamento de fotografía.

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