Mis disculpas

Fotograma de ‘Bienvenido, Mister Marshall’. Fuente: Faro de Vigo.

“Vecinos de En plan culto, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque yo, como alcalde vuestro que soy…”, como diría Berlanga en Bienvenido, Mister Marshall en labios de don Pablo. Que sí, os debo una explicación. Por mí y por todos mis compañeros, como cuando éramos chicos.

Y es que, desde En plan culto, encaramos nuestro cuarto número, veraniego, que, en realidad, debería ser el quinto número de no ser porque en junio nos fue imposible llevar a cabo nuestro acometido, como alcalde suyo —de ustedes— que somos. Y por ahí van los tiros.

Vengo a presentar mis disculpas particulares —en nombre de todos los componentes de la revista, me temo— por la desidia que hemos profesado, no sin motivos, causas y explicaciones —que más abajo encontrarán—, y, por supuesto, no intencionada, para con esta revista que aquí vistan desde abril, porque la merecen como lectores y observadores más o menos asiduos de esta nuestra actividad cultural.

Tienen que entender que es este el de En plan culto un acometido ambicioso y, aunque con el desdén que la vida nos ha impuesto, hemos conseguido una pequeña parte de nuestras ambiciones. Al fin y al cabo, hemos conseguido entrevistar a personajes tan ilustres con don José María Díez-Borque, venerable filólogo, o al ilustrador y humorista Darío Adanti, de la Revista Mongolia —pronto en esta misma dirección—, al igual que hemos atrapado entre nuestras redes a loables publicadores —de los cuales estamos muy orgullosos— e, incluso, hemos conseguido exprimir nuestra propia curiosidad y creatividad para ofrecerles a ustedes, ponderados lectores, un contenido difícil de encontrar en otros lares, en tiempos de una tecnología y un progreso que sólo se alcanza, o eso nos quieren hacer ver, en terrenos científicos, en detrimento de las letras, como si sendas disciplinas fueran incompatibles. Pero nosotros —y ustedes (hágannos el favor) — no les haremos el juego.

Les voy a explicar, por si la desconocen, la estructura de En plan culto. La revista se organiza en dos aparatos cuasi horizontales. O diagonales, si prefieren, pero nunca verticales. Por un lado, estamos los que cofundamos y regimos la iniciativa, lo que hemos dado en llamar Junta Directiva, formada por siete miembros, todos estudiantes y amigos de Filología Hispánica —grado ahora denominado ignominiosamente Español: Lengua y Literatura— de la Universidad Complutense de Madrid, a saber: Javier Saborido (Director “nadapoderoso”) y sus secuaces (Noelia, Jorge, Maite, Jorge del Ojo y un servidor). Este ala de la revista no tiene ningún poder, más que el honor y la responsabilidad de organizar y coordinar todo lo necesario —a menudo, burocracias agotadoras— para que esta revista vea la luz.

Por otro lado, en el otro ala, tenemos a los publicadores que buenamente han querido participar de este acometido. Sin ellos, esto nunca habría sido posible. Y sin ellos —ellos o nuevos publicadores, en el caso de que los primeros deserten—, nunca será posible continuar con esto. Por eso le digo a usted, estimado lector, que le necesitamos. Pero ya no sólo como lector, sino también como colaborador, como publicador. Necesitamos seguir reuniéndonos con gente como usted para que esto siga adelante, para que pueda ayudarnos y deleitar a nuestros lectores con su intelecto y su creatividad. Necesitamos publicadores. Esto es un llamamiento dirigido a ustedes, queridos lectores, para hacer mayor el número de publicadores. Únanse a nosotros.

Por último —y ahí van las explicaciones­—, tienen que entender que nosotros —todos los que hacemos viable En plan culto¸ tanto Junta Directiva como publicadores— somos estudiantes, cuando no también trabajadores. Pero, por descontado, también somos personas, con nuestras aficiones, nuestros sueños y nuestra vida particular, la cual no podemos dejar de vivir porque debemos nutrirnos para seguir escribiendo. Es por ello que, en ciertos momentos, no hemos podido desarrollar el contenido que de esta revista se espera. Y es por eso que les pido —les pedimos­—, en primer lugar, comprensión. En segundo, disculpas. Y en el último —y más importante—, ayuda. Los necesitamos.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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