Entrevista a Jennifer González Ceria

Fue en marzo cuando dos compañeros decidieron, a raíz de unas ponencias que tuvieron lugar en el edificio D de la Facultad de Filosofía y Letras de la UCM, hacer una entrevista a una de las ponentes, Jennifer González Ceria, que nos presentó su proyecto de investigación en lingüística forense. Sin más dilación, esta es la entrevista:

¿Podrías explicar a grandes rasgos qué es la fonética forense?

La lingüística forense tiene varias ramas: una se centra en el aspecto textual y otra en el fonético. La primera se encarga del análisis de textos, por ejemplo para el tema de plagios, si ha habido una persona que ha escrito una carta y ha intentado plagiar a otra persona. Otro ejemplo es en casos de suicidio; se trata de determinar si esa carta ha sido escrita por la propia persona o por otra intentado copiar su forma de escribir. Se procede entonces a comparar rasgos y estilo. No se centra tanto en la caligrafía, que de eso se encargan los peritos calígrafos, sino de los aspectos pragmáticos, sintácticos, morfológicos y léxicos. Es por esto que la lingüística forense textual es más idiolectal, porque lo que refleja es el idiolecto de cada uno. Por ejemplo, por WhatsApp tú escribes con iconos, poniendo cuatro exclamaciones; yo “hola” lo escribo con cuatro exclamaciones, pero tú dices simplemente “hola”, porque tú tienes una forma de escribir diferente a la mía. En segunda lugar, la lingüística fonética forense, de la que yo me ocupo ahora mismo, consiste también en comparar muestras dubitadas e indubitadas. Por ejemplo, hay una llamada de un capo de la mafia y varios sospechosos, así que se procede a realizar una rueda de reconocimiento. Tú tienes el audio y tienes a varios sospechosos a los que grabas diciendo lo mismo que en la muestra dubitada y haces una comparación de rasgos. Otros registros que se han estudiado son por ejemplo el registro homosexual, el de la mentira en la voz, y sobretodo cuestiones dialectales. En la policía nacional se encargan de los casos penales, pero puedes ser perito lingüista para los casos civiles como divorcios, matrimonios, etc.

¿Por qué crees que es importante estudiar lingüística forense y crees que no se le da la importancia que se merece?

Sí, es importante y no se le da la importancia que merece. En la ponencia conté un caso en concreto en el que una persona que no era experta dictaminó que el acusado era culpable y el juez le creyó y le encerró porque no validaron las pruebas del análisis fonético. Nosotros somos como un apoyo; no se nos considera como perito oficial pero sí como apoyo. El problema está en que nosotros somos lingüistas, hacemos descripción de la lengua, pero luego están los ingenieros, que hacen las máquinas de detección de rasgos, y veces se les encarga a ellos realizar nuestro mismo trabajo pero con las máquinas, entonces cuando vas a un juicio resulta que tienes al perito lingüista y al perito ingeniero. ¿A quién le dan más importancia? Pues le dan más importancia al ingeniero a pesar de que la máquina se equivoque, y no al perito lingüista. En mi opinión, el perito lingüista y el perito ingeniero deberían trabajar juntos y realizar un informe conjunto del caso. Mi directora del máster, Juana Gil, nos contó que le daban más importancia al perito ingeniero que al lingüista si este último no había trabajado con un ingeniero, precisamente porque estamos relegados.

¿Por qué decidiste dedicarte en concreto a este campo? ¿Fue complicado escoger?

Yo estaba en primero de carrera y vi que se me daba bien transcribir; me gustó, y no lo decidí hasta tercero de carrera, cuando tuve a José María Lahoz. Aunque su asignatura no tenía nada que ver con lo judicial, él nos contaba que había colaborado en proyectos de forense, en la descripción de los rasgos acústicos y perceptivos, etc. Llegue a cuarto y dudaba entre docencia e investigación en la fonética forense, que al fin y al cabo no sabía si investigar o no, pero me di cuenta de que si no investigas no puedes dedicarte a esto. Si tú te vas a dedicar a esto tienes que practicar y se practica investigando. Parece algo complicado, pero es lo que vas a hacer en la policía y en cualquier lado. Cuando terminé me metí al máster; estaba entre hacer el de profesorado o el de fonética y me acabé metiendo en el de fonética porque me aseguraron que se iba a abrir la especialización de fonética judicial, pero llegué y no era así, por lo que me metí en adquisición porque era eso o informática. Yo súper desanimada pensando que no me podría dedicar a eso se lo comenté a José María, porque no sabía qué hacer, pero él me dijo que no me preocupara demasiado porque al fin y al cabo la fonética es fonética, da igual que vaya por ciencia vocal, que por judicial porque se hace lo mismo; lo único que cambia es la aplicación que tú le das a ese conocimiento en fonética. Me puse a leer entonces lo que faltaba por estudiar en España y di con mi tema, porque se había estudiado en otros idiomas pero en español nada. Empecé, me gustó y decidí seguir estudiando. A mitad del máster me di cuenta de que merecía la pena, así que empecé el doctorado, y estoy también compaginándolo este año con el máster de profesorado, así que las dos cosas al final.

Háblanos de tu investigación: ¿en qué consiste y cómo la estas llevando a cabo?

Esta aplicada a la fonética judicial. Un estudio acústico se puede aplicar a lo judicial. Un ejemplo sería el siguiente: si tú estás conduciendo borracho y tienes un accidente de tráfico y no te hacen las pruebas de alcoholemia hasta el día siguiente, ¿qué ocurre? Que ya no das positivo, entonces en ese momento creo que todo el mundo reaccionaría de la misma manera: llamaría a alguien o mandaría una nota de voz contándole a alguien lo sucedido.

En el código penal te indica que si conduces bajo los efectos de alcohol te asciende la pena a seis meses; no te pueden juzgar para siempre, pero tu estancia en la cárcel depende de si ibas borracho. Si no tienes otras pruebas al final quedan las notas de voz, es lo único que tienes, no te valen las biológicas, por lo se necesitan estudios para determinar si alguien es culpable. Es verdad que cuando eres alcohólico no te sube la pena porque se considera una enfermedad si padeces alcoholismo pleno. Precisamente creo que es importante por eso, además José María y yo estuvimos pensando en una aplicación para los coches, venderla a los concesionarios y decir te traigo una app que reconoce automáticamente el habla alcoholizada. Imagínate que se la pones a un coche inteligente y este se boque y no puedes conducir si detecta que estás borracho con el reconocimiento de voz.

Por último, ¿cuáles son los grandes problemas a los que te estás enfrentando en tu estudio?

Al principio me enfrenté con varios: primero tuve que hacer un experimento piloto con varias tareas, necesito tareas de discurso leído, espontáneo y semiespontáneo. Yo necesitaba los dos, y escogí textos al azar y preguntas que al final no me dieron nada de juego. Me salió fatal porque los textos eran diferentes en cuanto a sílabas, puntuación, etc. También me enfrenté al tema del alcohol, ¿qué alcohol voy a administrar? Cada persona quería cosas diferentes, pero tenía que normalizarlo. Todo el mundo tenía que beber lo mismo y los mismos grados, todo: las pruebas, los cuestionarios, el consentimiento, las medidas de alcohol, etc. Entonces dije, ¿qué entra rápido? El tequila. Es un alcohol que tiene 38º, pero claro, ¿cómo calculo las tomas? Porque al fin y al cabo cada uno tiene unos hábitos, y se me ocurrió hacer el cuestionario de peso y frecuencia, porque tenía que calcular que toma bebía cada uno, entonces eso fue un poco a ojo, porque no iba a hacerlo con un medidor. Comencé con dos chupitos y fui subiendo en función de la persona con un alcoholímetro; había gente que se pasaba un poco y no pasaba anda, intenté cumplir los rangos pero al final no soy yo la que puede controlar cómo reacciona tu cuerpo.

Hice otras tareas de discurso y salieron mejor, porque de discurso leído hice dos pruebas, una de mismo texto y luego variándolo. Cogí textos de internet y los modifiqué para que tuvieran las mismas sílabas y pausas, porque era lo que buscaba. Las preguntas también fueron diferentes. José María me aconsejó evitar las preguntas ya que no iban a dar tanto juego, así que al final decidí meter una tarea de mapa para que me diesen explicaciones. Salieron ambas bien. También hice preguntas sobre temas actuales que dieron más juego además. Aunque el primer experimento piloto salió mal, me sirvió para aprender y hacerlo mejor en el segundo.

Bueno, y eso es todo Jennifer. Muchas gracias por cedernos un poco de tu tiempo.

De nada chicos, un placer.

Autores de la entrevista: Almudena Caño Laguna y Alberto Hernández de Fez

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