Ars photographica II

Lo natural urbano

He nacido en la urbe. Además no he nacido en cualquier ciudad, he nacido en Madrid. Mi visión del mundo ha estado siempre relacionada con la ciudad y esto, como no podría ser de otra manera, repercute en mi fotografía. Fotografiar mi ciudad es una constante para mi y eso me ha llevado a un doble análisis. Primero partí del análisis de mi propio trabajo, de la forma en que represento la ciudad (porque las fotografías no son honestas, como bien expliqué en mi anterior artículo) y eso me ha traído a pensar sobre qué es la ciudad, en el sentido amplio y bueno de la palabra.

Como de mi visión sobre la fotografía ya he hablado de momento prefiero no entrar a analizar mi propio trabajo (casi todos tenéis ojos) y además la materia de este artículo es otra.

Lo natural urbano es habituarse a los bosques en fila y a discurrir por cauces de alquitrán. Ser cazador de metros y agricultor de parques. Puedo presumir de haber plantado una litrona en todos los parques de mi zona. Mi barrio, sus casas todas iguales pero tan distintas. Lo natural urbano es ver crecer los edificios y espigarse los coches. Como las cosechas, ver crecer los aparcamientos en invierno y disfrutar de los huecos en barbecho cuando todo el mundo huye en julio.

Tengo al menos mil fotos de la misma calle y al menos cincuenta de unas antenas sobre el tejado de una casa medio abandonada que está al comienzo de esta. Es una calle normal, lo juro, pero para mi es única e indescriptible. Con esto quiero deciros dos cosas: la primera es que no tengo nada mejor que hacer que observar esa calle todos los días en mi camino al metro y la segunda que la ciudad siempre esconde algo más, siempre hay vida y siempre, detrás de cada esquina algo bello que contar.

Para mi, que no soy más que un pringao con el vicio de mirar, lo natural urbano es darse cuenta de que la mano humana ha violado tanto la naturaleza en las ciudades que las propias ciudades ya son un medio natural. Si los humanos somos el universo observándose a si mismo, las ciudades son la naturaleza construyendo sus propios cementerios. Y esto, en cierta medida, esconde una belleza terrible.

Javier Saborido

Apenas adicto al café hace fortuna como fotógrafo ronin en Madrid. La demostración de que la democracia funciona reguleras es que es el director de esta revista. Podéis ver sus fotos aquí y aquí. Además de ser el director se encarga también del departamento de fotografía.

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