Desde Macondo II: El mejor compañero

“El ser humano es un animal que necesita estar en compañía” suelen decir, tratan de justificar su dependencia de otra persona e incapacidad de autosatisfacción con un simple y recatado: “así es el amor”. Y, ¿qué es el amor? me pregunto yo.

“El beso” de Gustav Klimt. Representa una pareja encerrada en su propia intimidad.

Las personas tienden a tener un cierto pavor a la soledad, les produce una irrefrenable sensación de miedo el solo pensar que tendrán que permanecer solos durante toda su vida, o parte de ella. La soledad, sin embargo, es algo con lo que tenemos que convivir cada día, hay que saber ligar con ella, disfrutar cada minuto, saborear cada instante de libertad, alejarte levemente de ese perfecto mundo onírico que has decidido crear con otra persona, para poder charlar contigo mismo, con tu mejor compañero. Compartir momentos con la persona a la que amas es algo indispensable, y no pienso negar que proporciona una felicidad que a pocas cosas se puede comparar. Pero, a veces, llega un momento en el que traspasas la barrera, una fina línea que separa el “yo” del “nosotros”, el “mi” del “nuestro” y que pasa a abarcarlo absolutamente todo; dejas de pensar como antes, vives para complacer a otra persona y el solo pensamiento de dejar de hacerlo te conduce a un estado de angustia, y eso, ya es obsesión. Es una barrera muy menuda, invisible, imperceptible a los ojos humanos y aún más a los de una persona enamorada / obsesionada. Y es que, no se trata de afirmar el hecho de que el amor ciega, el buen amor no ciega ni ata, no destruye ni cohíbe, sino que libera y hace fuerte, siempre que no nos dejemos a nosotros mismos relegados a una segunda línea, apartados hacia una esquina.

Mal amor, una obsesión pura y dura que, al final, acaba convirtiéndose en una prisión que tú mismo has creado a tu imagen y semejanza, encierra locura y pesadumbre, y más pena que felicidad. No obstante, a veces gusta, supone una forma de cortar esa libertad andariega y escalofriante que tanto miedo produce en algunos, la rutina de tener que decidir cada día qué es lo que vas a hacer, qué persona vas a ser hoy y en qué te vas a convertir mañana sin tener que preguntarle a otro, y eso, es difícil. Por eso, ama, pero con cabeza, amóldate según tu propio criterio, disfruta de la soledad y de los breves pero sanos momentos de independencia emocional porque, siento decirte que, la mayor parte del tiempo, la personita con quien tendrás que convivir cada día de tu vida será contigo mismo.

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