¿Star Wars como cuento clásico?

Si decimos que la saga de películas Star Wars se ha convertido ya en un clásico de hoy, nadie con dos dedos de frente diría lo contrario. Al igual que el cuento de Blancanieves, Los tres cerditos o Caperucita roja, la historia de Luke Skywalker, Han Solo y Leia Organa han pasado ya al ideario popular, un poco teñido de melancolía para la generación que vivió el boom de sus aventuras en directo. Y ahí es donde está lo interesante: ¿en qué se relacionan el cuento del Mago de Oz o Caperucita roja con Star Wars? ¿Cuáles son los ingredientes que han hecho que encaje también en el ideario cuentístico[1] de nuestra cultura occidental?

Y es que, por mucho que evolucionen los cánones de las historias, la estructura narrativa y cultural en la que se asientan suelen mantenerse mucho más tiempo. Lo cierto es que, aparte de una enorme imaginación, construir un nuevo cuento con base en otro puede hacerse a través de sencillas operaciones:

  1. Invirtiendo el orden de los elementos.
  2. Sustituyendo un héroe masculino por un femenino.
  3. Convirtiendo un elemento negativo en uno positivo y viceversa.
  4. Manteniendo o repitiendo ciertos elementos clave.

Así, a través de esto, podremos ver cómo Star Wars tiene más de cuento clásico de lo que pensamos. Es increíble el parecido estructural que guarda con, por ejemplo, Alicia en el País de las maravillas.

 

[2] Nota interesante: la misma operación la usan para renovar la historia de la saga, cambiando a Luke por la protagonista de Rey, además de heredar la potente imagen femenina de la princesa Leia.

Empezando, en nuestra mente aparece un joven Luke Skywalker aburrido y un tanto resignado a vivir en el árido Tatooine, mientras que, en otra galaxia muy, muy lejana, Alicia está bebiendo té junto con su hermana a la orilla de un río en el campo, cansada y aburrida a la espera de algo que la entretenga. Aquí nos encontramos con una de las operaciones: la heroína de Lewis Carroll pasa a ser el héroe de Lucas[2]. Además, podemos observar que, en el caso de Luke, su nombre responde a algo muy común y deliberado: describir su origen o actividad. No veo a George Lucas dejando esto al azar, por lo que Skywalker (‘caminante de cielos’) como apellido de un guerrero que viaja en nave espacial y  que lucha por la libertad de una galaxia queda que ni pintado; Shakespeare diría: «una rosa con cualquier otro nombre olería igual de dulce», con lo que quería decir que el nombre no afecta a la esencia… pero no veo a Luke llamándose Luke Martínez

De repente, algo rompe la monotonía de ambos personajes: un conejo blanco se le cruza a la joven Alicia, mientras Luke se encuentra con los pintorescos R2D2 y C3PO, elementos clave que inician en ambos sus grandes aventuras. Ambos se alejan del hogar que representan los tíos de Luke y la hermana de Alicia. Sin embargo, hay en este suceso un choque cultural: Alicia representa la curiosidad de una niña burguesa y un tanto caprichosa de la Inglaterra victoriana, mientras que Luke marca la búsqueda de una nueva identidad y el intención de formar su propia vida, lo que responde a la extrapolación de los jóvenes norteamericanos que abandonan el hogar para formar el suyo. Además, como en todo cuento, el elemento familiar del hogar no aparece unido a los padres, sino a sustitutos, lo que hace que los “niños” puedan asimilar mejor la idea de que, por ejemplo, los tíos de Luke mueran… en teoría, porque yo aún recuerdo los esqueletos calcinados al lado de la casa de Luke…

Y sin lugar a dudas, están los malos malísimos, Darth Vader y la Reina de Corazones, los dos muy cercanos a una figura paternal autoritaria (en el contexto, no sabíamos que Vader era padre de Luke), algo que se da mucho en los cuentos de hadas. Curioso es cómo Alicia, frente a la Reina, siempre está en peligro de que le corten la cabeza, mientras que a Luke le cercenan la mano cuando se enfrenta a Vader (¿símbolo extremo de autoridad?). En cualquier cuento, la imagen del padre siempre está disfrazada de monstruo, gigante, o por el contrario, es débil y distante. Cualquier niño se pregunta por qué el padre de Blancanieves no ve la maldad de su nueva esposa o por qué Sully (de Monstruos S.A.) parece un padre con Buu si es un monstruo y ella una niña humana.

De este modo, se van repitiendo así muchos elementos de ambas narrativas, pero sólo destacaré unos más: los compañeros que acompañan al héroe representando las virtudes que necesita para el éxito, los escenarios comunes y el elemento mágico.

Son muchos los que acompañan a Luke: tenemos a un valiente Han Solo, un tierno (amor) C3PO, una sabia y luchadora Leia Organa. Por igual, en el lado de Alicia, la cosa es algo más complicada, pues va cambiando de compañeros a lo largo de la historia: la melancólica Falsa Tortuga, el puntual Conejo Blanco, el inteligente Gato de Cheshire, entre otros.

Además, en cuanto a los escenarios, estos son comunes y se repiten con frecuencia, no sólo en estos, sino en casi todos los cuentos:

  1. Batalla final en el terreno del malvado: El castillo de la Reina de Corazones y la Estrella de la muerte.
  2. Escenario favorable para el héroe: Luke luchando en su nave contra el Imperio y Alicia gigante enfrentándose a los naipes de la Reina.
  3. Lugar de reflexión: Dagobah junto con Yoda y el Jardín de flores con la Oruga.
  4. Escenario amigo: la Base rebelde y el Jardín del té.

Por último, resulta muy curioso cómo ambos personajes consiguen el éxito final de su aventura: haciendo uso de la magia. Ésta, revestida de “el poder de la fuerza” en Star Wars, es la clave que permite a Luke explotar en mil pedazos la Estrella de la Muerte. Por igual, en Alicia en el país de las maravillas, la magia está revestida de una ensoñación muy real, dando lugar a que, cuando la protagonista desea con todas sus fuerzas volver a casa, la hace despertar como si no hubiese pasado nada.

No cabe duda de que, aunque no sea lo fundamental, el buen uso de nuestro ideario colectivo (cuentos, mitos, leyendas y demás) y los elementos que los constituyen permiten a un fenómeno tan importante como la saga Star Wars convertirse en un clásico de hoy. Quién sabe si lo será mañana… Pero bueno, como diría un buen jedi: que la fuerza no te corte la cabeza… digo, te acompañe.

[Artículo basado en la información recogida en: Introducción a la Antropología social y cultural de Conrad P. Kottak (ed. Mc Graw Hill), El arte de la ficción de David Lodge (ed. Península) y Alicia en el País de las maraviallas/A través del espejo de Lewis Carroll (ed. Akal)]

[1] Nota pedantísima: he decido usar la palabra cuento porque me presenta menos problemas que la palabra mito, la cual usan con mayor frecuencia los antropólogos. Yo, en mi caso, soy filólogo y no quisiera entrar en debates que no controlo. Para que entiendan mi postura les dejo cita de Middleton: «La noción popular es que un mito […] no es cierto —a pesar de que el que no sea cierto es su característica definitoria— no sólo es naif sino que demuestra la falta de comprensión de su verdadera naturaleza. Su “verdad científica” o lo contrario es irrelevante. Un mito es una afirmación sobre la sociedad y sobre el lugar del hombre en ella y en el universo que la rodea».

J. Séguel

Nacido quién sabe dónde en 1997, supo desde muy pequeño que su vida estaría ligada a las letras, artes y humanidades. A veces, llevado por las ínfulas de escritor y poeta, toma el nombre de J. Séguel, escribiendo sus creaciones en su cuaderno literario www.versosgordos.wordpress.com Ahora estudia Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, caminando entre las academias y sus ideas. Ahí fue donde se encontró con otros cronopios, como diría aquel autor argentino, dando lugar a este maravilloso proyecto llamado En plan culto.

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