No escribas versos más

No escribas versos más, por vida mía; / aunque aquesto de escribas se te pega, / por tener de sayón la rebeldía. Éste es el final de un soneto de don Francisco de Quevedo dedicado a Luis de Góngora. Qué actual es siempre Quevedo, aunque yo jamás se lo dedicaría a Góngora, pero a más de uno que hay por ahí —y el número sigue subiendo—, sí.

Vaya boom. Me río, me descojono del boom de la novela latinoamericana en el siglo XX, comparado con esto. Desde la aparición de las redes sociales, hemos descubierto a un montón de escritores que estaban escondidos. Y, sobre todo, poetas. Oiga, qué alegría, carajo. Da usted una patada a una piedra y le salen cinco Lorcas. Qué maravilla. Ése es el problema de las redes sociales, que dan espacio a impostores, a supuestos poetas, que encuentran el espacio que no le otorgan las editoriales —otro día quizás hable de esto— en su muro de Facebook. Y, así, pasa por poeta cualquiera. O por lo que quiera pasar, vaya, pero yo hoy me quiero centrar en esto.

Encontramos, de esta manera, pseudopoetas en las redes sociales —y, ojo, a algunos les publican libros y todo— que no saben hacer la o con un canuto, en lo que a poesía se refiere. No les voy a pedir que sean ustedes, eso, Francisco de Quevedo, pero, oigan, inténtenlo al menos.

Para empezar, el primer requisito, indispensable para empezar a escribir, es saber hacerlo. No me refiero ya a técnicas, ni a composiciones ni a estrofas. Me refiero, lo primero, a escribir sin faltas de ortografía. Hay que saber, mis cariños, poner las tildes en su sitio, escribir con b las palabras que con ellas se escriban, saber conjugar los verbos, etc. Y, si no se sabe, primero apréndalo y después, escriba. Por respeto, más que nada. Cuando acaben con todo esto, aprendan a puntualizar correctamente. O a puntualizar, al menos, simplemente. Porque es que algunos de ustedes no utilizan una sola coma en sus poemas. Joder, que para algo están. Hace poco, compartió en Facebook uno de esos a los que les publican libros —Marwan— un poema suyo, sin una maldita coma en todo él. Me metí en los comentarios y le reprochó alguien la ausencia de comas. Él, con dos santos cojones, contestó que era poesía y, por ello, se permitía no escribir las comas, como si de una licencia poética se tratara, añadiendo seguidamente que ahora ya las escribe. Empiecen por aprender estas pequeñas cosas antes de escribir.

Para seguir, he de explicarles algo que, desde luego, es una opinión. El uso del verso libre se da mucho entre estos poetas de pacotilla. El verso libre es algo tan delicado que sólo está reservado a auténticos genios —se me ocurre pensar, en la actualidad, en Benjamín Prado o Luis García Montero—; me explico. La complejidad del verso libre es nula y total, a la vez. Nula, porque, si no se exige nada al poeta, cualquiera puede serlo (es lo que denuncia el arriba firmante). Total, porque, al no haber ninguna complejidad de carácter métrico, rítmico, etc., sólo el genio puede hacer poesía con este tipo de verso. Por eso, les recomiendo, que se amolden a las formas clásicas, que las estudien, porque la mayoría de ustedes no son genios, son impostores, como digo, y lo único que hacen es prostituir la poesía. Porque Prado, por ejemplo, escribe en un mismo poema los cinco versos que llevamos buscando toda la vida y jamás se nos han ocurrido (Prefiero estar contigo y que me olviden / a escribir una obra maestra en la que cuente / que aún no te he encontrado / o que ya te perdí). Sin embargo, usted sólo escribe mamarrachadas adaptadas a la forma de un supuesto poema.

Por último, para escribir poemas, hace falta una técnica y unos conocimientos. La técnica no es algo fijo: hay miles y cada uno tiene la suya, y unas triunfan y otras no. Si no, todos seríamos poetas; iríamos al Corte Inglés y compraríamos técnica y ya está. No es tan fácil. La técnica y los conocimientos se adquieren de dos formas: ora simplemente leyendo (para lo cual hace falta ser un puto genio y tener una mente excepcionalmente crítica), ora teniendo a alguien que te los explique (y ese alguien tiene que ser, también, un maestro) y, por supuesto, leyendo. La lectura es el entrenamiento del escritor, del poeta. Pero se requiere tener una mente crítica y, más que leer un texto, estudiarlo cautelosamente.

“¡Ah! ¿Y qué es poesía?, dices, mientras clavo mi pupila en tu pupila azul. ¿Y tú me lo preguntas? Poesía no eres tú, desde luego”, les gritaría el bueno de Gustavo Adolfo. No escriban versos más, por vida mía.

Javier Báez

Javier Báez es un joven músico, poeta y escritor. Trabaja como sonetista para el periódico madrileño 'Distrito Villaverde' y, actualmente, es graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. @JavierPBaez

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