Ligazón al estilo Tribueñe

Con motivo del Incentenario de Valle-Inclán, el Círculo de Bellas Artes ha acogido su Retablo de la Lujuria, la Avaricia y la Muerte que,  por primera vez en la historia, se ha representado de manera íntegra: cinco piezas de unas siete horas en total en donde el homenaje dio lugar a la música, la danza e incluso a un buen trozo de empanada gallega para reponer las fuerzas. Tras este proyecto se encontraba la compañía Tribueñe, nombre ya imprescindible en el circuito OFF de Madrid, y, por eso,  no hemos querido perdernos la ocasión de conocer un poco más a fondo su trabajo. Hablamos con Irina Kouberskaya, directora del proyecto, y con sus actores acerca de una de las piezas más enigmáticas de la obra: Ligazón.

Para las personas que aún no lo conozcan, ¿en qué consiste el retablo de La avaricia, la lujuria y la muerte?

Irina: Cuando vas a la iglesia, ¿qué es para ti el altar, los retablos que hay ahí? Valle-Inclán ve el universo como un retablo de maldad; no podemos negarle este derecho de pensar, de confirmar que, de momento, el hombre se ha esmerado en ejercer esta faceta suya, la que ha desarrollado de manera absolutamente atroz. Entonces, coloca como retablo cinco piezas diferentes donde cada una tiene lujuria, avaricia y muerte. No hay que ir muy lejos para ver cómo estamos rodeados de un funcionamiento anómalo del ser humano en la Tierra entera y cómo nos duele esto.

Entonces, se podría decir que sigue vivo el esperpento…

Irina: Mira, Valle-Inclán es Max Estrella de Luces de Bohemia, que es una de las mejores obras dramatúrgicas de la historia del Teatro. Muchos «Max Estrellas» mueren hoy de hambre; gente intelectual, gente con capacidad. Él era ciego y poeta, pero si no eres ciego y sólo eres poeta, mueres igual de hambre. Por eso hay que gritar hoy muchísimo para que el triste destino de los poetas, gente a la que se le ha puesto un yugo a su alma y a su palabra, no venga. Todos los artistas, directores, actores, están sin trabajo y si hoy no estuvieran por el mundo entero estaríamos muy cerca de los animales. Estos hombres están llamados a la Tierra para adelantar nuestra sensibilidad, afinar nuestros sentidos y para hacernos más inteligentes. Hay que protegerles… digo yo. 

¿Cómo ha sido para los actores el proceso de internarse en el mundo de Valle-Inclán y en su lenguaje?


Catarina de Azcárate:
Sumergirse en Valle-Inclán es una delicia. Da igual qué obra hagas, las palabras de Valle-Inclán son maravillosas. Decir «Valle-Inclán» es un privilegio para un actor. También es muy difícil, porque normalmente la escena va muy picada: dices un texto, una respuesta, y lo siguiente que dices ya no tiene que ver con lo que has contestado antes. Además, las metáforas que plantea permite la posibilidad de hacer un Ligazón tan poético como éste, aunque se siga hablando sobre algo atroz, que es vender la virginidad de una joven, romperle las alas, y no darle ninguna posibilidad de futuro individual, ya condenada. Ligazón es una condena de la sociedad desde el principio.

Valle-Inclán siempre consigue crear una auténtica atmósfera por medio de sus acotaciones, ¿de qué forma lo habéis planteado en el montaje?

Catarina: Es muy difícil respetar en el Teatro todas las acotaciones porque es que te explica desde la luz hasta cómo el perro se mueve y le salen las pulgas. Aquí sí hay ese juego de la luz, de sonido, un poco la idea de no acercarse a la acotación concreta de Valle-Inclán, pero sí intentar crear una atmósfera diferente a través de esos dos lenguajes que, en todas las obras de Tribueñe, son dos personajes más. 

El personaje de la mozuela es verdaderamente único, ¿cómo has conectado con ella ?

Catarina: Este personaje, de todos los que he hecho, es el más especial porque me ha regalado la vida, en el sentido de que permite navegar hacia el pasado y hacia el futuro permanentemente, me permite soñar.  Ella entra en otro espacio, en el aire, ¿qué significa el aire para Valle-Inclán?, Irina lo interpretó con que la mozuela era capaz de entrar en otro plano y vivir donde pudiera desarrollar todas las fantasías que quisiera; y luego, llega de repente al mundo y encuentra a alguien que también maneja ese lenguaje, también es capaz de entrar en este otro plano, y se queda totalmente sorprendida. Es un personaje con total libertad porque tiene esa posibilidad de mirar al mundo con los ojos de un niño que le brillan pase lo que pase. Cuando sales de esta función y miras de esta forma por la calle, la gente te responde, es precioso.

Y en cuanto al afilador cuéntanos, cual fue tu experiencia con ese personaje que se queda hechizado por ella.

Miguel Pérez-Muñoz: Mi personaje es un personaje muy libre. Con Valle-Inclán, por lo menos a mí me ocurre, se trata de un texto alquímico, no puedes cambiar una palabra de lugar y hasta las frases más insignificantes tienen un mundo detrás, es como que te sumerges en un universo que a veces ni tú mismo gobiernas, dices una frase y cada día te preguntas ¿por qué dice esto, por qué el afilador responde esto?, tiene un misterio increíble, por eso es maravilloso poder hacer este personaje.

Para terminar, Irina, ¿qué relación o conexión has tenido con Valle-Inclán para hacer este conjunto de obras?

Irina: Muy íntima… Conocí a Valle-Inclán hace 25 años ya viviendo en España, en Rusia no conocía a este escritor: primero descubrí La lámpara maravillosa y después con mucha sorpresa descubrí estos seres tan deformes, tan crueles. Aquí se produjo un flechazo inmediato, inmediatamente vi que es un gran dramaturgo. Tanto me impresionó que lo traduje con gran ayuda de mi hermano que es un gran escritor; él pudo encontrar paralelismos adecuados a este lenguaje tan complejo. Fíjate, un crítico de San Petersburgo ha escrito algo así: «después de ver a Valle-Inclán, todo lo escrito antes de él es patinaje sobre hielo». Fíjate qué belleza llamar a nuestra conciencia hielo. A mí me pareció  que este crítico había captado lo mismo que yo, que supone un compromiso muy grande y es necesario hablar de esto.

Por Jorge del Ojo e Iván Toledo

Jorge del Ojo

Nacido entre los altos muros de Ávila, llegó a Madrid para estudiar Filología Hispánica en Universidad Complutense. Entre sus gustos, el más destacable es su pasión por el Teatro, tanto siendo espectador como siendo actor. Unido al enorme proyecto de En plan culto, se encarga del departamento de Cine y Teatro junto con Noelia García.

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