Para algo tan inocente como bailar

La fama siempre te precede; para bien y para mal. Cualquiera que visite mis redes sociales— sobre todo Facebook— podrá comprobar fácilmente cuáles son mis gustos musicales. Y no lo digo como algo negativo. Al revés. Es bueno ser una persona transparente que comparte lo que —a veces— le divierte y le hace más feliz, como es la música.

El problema viene cuando tienes que ser la cara y la voz de algo abstracto con demasiados vértices. Y me explico: hace unos días se me pidió escribir —para la cabecera que estás leyendo— un artículo —y cito textualmente— “en defensa del reggaetón”. “A ti que te gusta tanto, venga, ¿lo harías?”, fue el mensaje que me llegó al Whatsapp. Y dije que sí. Pero, ¿cómo? Creo haber encontrado el modo.

Puede, por lo rodeos que estoy dando, que notes cierto “apuro” en mí a la hora de defender ese género. Es cierto que lo tengo, pero porque existe un gran prejuicio con él. Quítate la venda y lee.

Respondamos juntos a la pregunta: ¿Cuál es la finalidad de la música? Unos dirán que sentir con ella. Otros que conmover al público. Otros, sencillamente, dirán que es pasar un buen rato. Añade la percepción que quieras, pero todas tienen una respuesta común: hacerte sentir mejor. Y el reggaetón lo hace. Con él bailas, te ríes, acabas sudando, te diviertes… y hasta conoces gente.

De hecho, el reggaetón es un género de música que, en última instancia y en su base más profunda pero real, se puede asemejar a la salsa, la bachata o incluso al flamenco. Lo digo porque es un género de música que se caracteriza por su ritmo y su afán por levantarle el ánimo a quién lo está escuchando. Por eso se suele escuchar las noches de fiesta.

Sin embargo, el tema peliagudo son las letras. No se puede defender el reggaetón sin antes pararse a condenar algunas de sus letras. Es cierto que no se puede generalizar: ¿qué de malo tiene hacer canciones con el sexo como principal temática? Nada. El sexo existe y a todos nos gusta, ¿por qué no se le puede cantar? Seguro que tú también has gritado sin complejos: “Des-pa-cito, vamos a hacerlo en una playa en Puerto Rico”.

En contraposición, el problema viene cuando se empieza a cosificar a la mujer o a hacer, del machismo, bandera. Y cuando eso ocurre los propios usuarios del género musical lo denunciamos —póngase el ejemplo de 4 babys de Maluma. Y quién no lo haga que explique por qué.

Pero, en general, el reggaetón es un género musical con ritmo y con no más finalidad que bailar, sudar y pasarlo bien. Es lo más inocente que existe y a la vez lo más complicado. Si al escuchar una canción se te van los pies, algo positivo está pasando. Por eso: escucha reggaetón, déjate llevar; canta y ríete, que para eso está. No le des más vueltas.

 

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